No se extinguen tantas especies como se suele decir

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Duración lectura: 3m. 14s.

El “dato” que se repite como un mantra cuando de biodiversidad se trata es que la Tierra pierde 100 especies al día, o 40.000 al año. Es una estimación altamente hipotética, que viene siendo objeto de debate más vivo desde que en 2006 se publicó un trabajo que la pone en duda. La semana pasada, la Smithsonian Institution celebró un simposio en Washington donde los especialistas hicieron una revisión crítica de ese estudio, informa The Economist (17-01-2009).

En 2006, Joseph Wright (Smithsonian tropical Research Institute, de Panamá) y Helene Muller-Landau (Universidad de Minnesota) rebajaron la estimación de extinciones basándose en datos recientes sobre deforestación. La pérdida de bosques tropicales, los hábitats terrestres de mayor biodiversidad, es el mayor peligro para la supervivencia de especies y la base de los cálculos sobre extinciones.

Wright y Muller-Landau observaron que en muchos países de los trópicos se estaba talando menos y se estaba abandonando suelo antes ganado a la selva porque estaba bajando la demanda de tierras de cultivo, al hacerse más lento el crecimiento de la población y aumentar la migración del campo a la ciudad. La superficie dejada libre vuelve a ser invadida por el bosque, de modo que en pocos decenios recupera la mitad de la biomasa original, lo que facilita también la recolonización por parte de los animales. A la vista de la tendencia observada, los autores concluyeron que hacia 2030 los bosques tropicales conservarán más de un tercio de su extensión natural, y a partir de entonces empezarán a expandirse. En tal caso, en 2030 se habrán extinguido el 16-35% de las especies selváticas africanas, el 21-24% de las asiáticas y una parte menor de las latinoamericanas. Tales estimaciones son muy inferiores a la muy difundida de 40.000 al año.

En el simposio de Washington hubo acuerdo en que se debe rebajar ese número, como proponen Wright y Muller-Landau, pero con una importante matización, porque no todas las especies son iguales. Las aves y los mamíferos son mucho más vulnerables a la merma o alteración del hábitat que los insectos y otros animales pequeños. Y como -según reconocieron los especialistas presentes- que desaparezcan especies de aquellos no permite deducir que pasará lo mismo con estos, se puede concluir que en efecto el total de extinciones es y será mucho menor de lo que se ha dicho, pero con una parte desproporcionadamente grande de los animales más conocidos y “vistosos”. Aunque las desapariciones de estos son más detectables, cuando se certifique una, no se ha de pensar que es solo la punta del iceberg, una señal de que ha habido también otras muchas más no observadas, de pequeñas criaturas desconocidas.

De todas formas, algunos participantes en el simposio señalaron que las estimaciones del estudio analizado pueden pecar de optimistas porque el crecimiento demográfico y la tasa de deforestación no por fuerza bajan al mismo ritmo. Aunque los agricultores comunes abandonen terreno o no ocupen más, la tala aumenta si se implantan cultivos a escala industrial -por ejemplo, de soja o de palma- o explotaciones mineras, como de hecho sucede. Y tales actividades dependen más de la demanda en los mercados internacionales que del tamaño de la población local.

Finalmente, aunque los especialistas se mostraron conformes en que la pérdida de biodiversidad no va al ritmo de 100 especies al día, ni mucho menos, manifestaron preocupación por el futuro. Temen que el previsible cambio climático acelere las extinciones en los bosques tropicales, pues las especies que los habitan están adaptadas a un medio con pequeñas variaciones de temperatura. Una media de 3 grados más podría ser fatal para muchas.