Niños de encargo

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El número de mujeres sin pareja que deciden tener un hijo en solitario por inseminación artificial no deja de crecer. De hecho, en España un 35% de las mujeres que actualmente recurren a la inseminación artificial planea ser madre en solitario, según ha explicado el doctor Buenaventura Coroleu, del Instituto Universitario Dexeus de Barcelona. En España la ley lo permite, a diferencia de lo que ocurre en Francia o Italia.

Famosos gays aparecen en la prensa del corazón contando lo felices que están a la espera de sus hijos, que han encargado a un vientre de alquiler

Resulta curioso que la maternidad se haya convertido en un deseo tan intenso como aplazable. De lo último da cuenta el retraso de la edad media en que se tiene el primer hijo, actualmente 29 años en España. La intensidad del deseo de ser madre lo prueba el auge de la maternidad sin pareja y el recurso a la congelación de óvulos propios para ser utilizados en un posible embarazo en el futuro.

Entre las mujeres que acuden a este tipo de técnicas de “preservación de la fertilidad” no son mayoría las diagnosticados de una enfermedad que pudiera afectar a su fertilidad en el futuro. En muchos casos se trata simplemente de mujeres que están aplazando el tener hijos porque quieren afianzar antes su carrera laboral o porque aún no han encontrado el marido ideal.

Pero retrasar la maternidad tiene sus riesgos. Como recuerda Buenaventura Coroleu, “a edad más avanzada es más difícil quedarse embarazada (…) La edad es el factor que más influye en la posibilidad de embarazo” (La Vanguardia, 2-11-2011).

De ahí que el número de abortos espontáneos aumente cada año desde 2003. Con la edad también aumenta el riesgo de anomalías cromosómicas, como el síndrome de Down, y de que el niño nazca de manera prematura.

Otra parte del precio es estrictamente económica. El tratamiento para preservar óvulos cuesta prácticamente como la fecundación in vitro, unos 4.000 o 5.000 euros, a lo que hay que añadir otros 300 euros anuales por los costes de conservación. Es el precio por mantener disponible el material para cuando sesienta la “urgente” llamada de la maternidad.

Quiero mi niño y lo quiero ahora

Con las nuevas técnicas de procreación artificial, los hijos pueden ser considerados no como un don sino como un encargo a gusto del cliente.

En muchas ocasiones los padres que recurren a la congelación de óvulos o de esperma, o a la inseminación artificial buscan asegurarse “su niño”. En el informe Un padre o cinco, Elisabeth Marquardt recoge las declaraciones de varias mujeres que habían acudido a un banco de esperma para quedarse embarazadas, pese a no tener pareja. Una de ellas declaraba: “Pagas por ello, así que quieres lo mejor de lo mejor”. La misma mujer señalaba que eligiría “a un donante de 1,80m de estatura, rubio, con ojos azules y libre de enfermedades genéticas” como compensación por no enamorarse. Como resumía otra compañera de tratamiento, “estamos desesperadas pero a la vez somos quisquillosas a la hora de elegir”.

Otra mujer comparaba a sus dos hijos, uno concebido de forma normal y otro por inseminación artificial: “Tengo un hijo que es completamente mío (…) y otro por el que siempre tengo que estar discutiendo con el padre [su ex novio] sobre quién tiene que criarlo y cómo”.

Vientres de alquiler

En el caso de los hombres aquejados de ansia de paternidad, es cada vez más normal el recurso al vientre de alquiler, maquillado como “maternidad por subrogación”. Es el caso, sobre todo, de parejas gays acomodadas. En España la ley permite la adopción por parte de parejas homosexuales, pero no el recurso al vientre de alquiler. Pero una instrucción de la Dirección General de Registros y del Notariado autorizó la inscripción de los niños nacidos en el extranjero por este método, facilitando así el fraude de ley.

Desde entonces no es extraño que famosos gays aparezcan en la prensa del corazón contando lo felices que están a la espera de “sus hijos” (suelen ser una parejita) que han encargado en EE.UU., donde esto es legal. La madre desaparece cosificada como “vientre de alquiler”. Es caro, pero pueden permitírselo.

La pretensión de que la procreación artifical en el caso de mujeres solas corra a cargo del erario público, no está amparada por la ley, aunque de hecho se admita en algunas comunidades autónomas. La Ley de Reproducción Humana Asistida de 2006 consagra el derecho a recibir los tratamientos correspondientes para “toda mujer mayor de 18 años con plena capacidad de obrar (…) y con independencia de su estado civil y su orientación sexual”. Sin embargo, el coste solo será financiado por la Seguridad Social “cuando haya un diagnóstico de esterilidad o una indicación clínica establecida” y solo en mujeres menores de 40 años. Quedan excluidas por tanto las parejas de lesbianas y las madres sin pareja que no tengan tales problemas.

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