Los costes de la maternidad subrogada

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Duración lectura: 3m. 6s.
Anderson Cooper foto Gage Skidmore

Anderson Cooper, periodista de CNN (CC: Gage Skidmore)

 

Anderson Cooper, un famoso presentador de informativos de la CNN, anunció recientemente en sus redes sociales que, gracias a un vientre de alquiler, se había convertido en padre a sus 52 años. Sus seguidores se apresuraron a felicitarle. Austin Ruse, presidente de un C-Farm, un centro de investigación, cree que estos casos se deberían aprovechar para discutir “abiertamente” lo que supone normalizar la subrogación.

En un artículo publicado en Newsweek, Ruse repasa algunos de los problemas que plantea esta forma de gestación. Por ejemplo, ¿quién es el padre? ¿Y la madre? La maternidad subrogada exige una previa fecundación in vitro y, por tanto, la gestante no tiene por qué ser la misma mujer que dona los óvulos. “Digo óvulos, en plural –señala–, porque son necesarios muchos en la fecundación artificial, ya que se ha de producir un número suficiente de embriones con el fin de asegurar la implantación de al menos uno de ellos en el útero de la madre”.

Peligros para la mujer

Por este motivo, las mujeres se han de someter a una serie de tratamientos para poder producir más de un óvulo en cada ciclo menstrual. La hiperestimulación ovárica “es un procedimiento doloroso e incluso puede suponer peligros. Jennifer Lahl, que ha sido enfermera y es una de las principales críticas de la maternidad subrogada, ha señalado que, entre los riesgos probados, se incluye la pérdida de la fertilidad, torsión ovárica, coágulos sanguíneos, riesgo de enfermedad renal, menopausia prematura, quistes en los ovarios, dolor pélvico crónico, accidente cerebrovascular, cánceres del aparato reproductor y, en algunos casos, incluso muerte”.

Pero no solo las mujeres donantes de óvulos se exponen a peligros; también lo hacen las que prestan su cuerpo durante los nueve meses de gestación. Ruse recuerda, por ejemplo, que el pasado mes de enero una mujer murió en California debido a complicaciones cuando daba a luz a un niño para una pareja.

“La industria de la subrogación depende de que las mujeres pongan en riesgo tanto su salud como sus vidas, porque eso garantiza el éxito de una transacción lucrativa enormemente peligrosa, pero también muy beneficiosa económicamente. Puede costar entre 25.000 y 100.000 dólares. ¿Quién puede afrontar tal gasto? Solo pueden permitírselo los ricos”, observa Ruse.

Niños sin madre

Por otro lado, la maternidad subrogada parece condenar a los niños a vivir para siempre sin madre. El presidente de C-Fam se pregunta de nuevo: “¿Quién es, propiamente, la madre? ¿La mujer que donó los óvulos o la que gestó al niño?”. Y hace referencia a un comentario de la escritora americana Joyce Carol Oats, que criticó también el caso del presentador de la CNN. “Según ha señalado recientemente Oats, es como si la subrogación de algún modo borrara para siempre a la madre. En la maternidad subrogada, esta última solo es importante durante un breve lapso, en lugar de para toda la vida”.

Ruse menciona, al final de su artículo, que muchas leyes preservan el anonimato tanto de los donantes de gametos como de la madre gestante, privando a los hijos de su derecho a conocer su ascendencia. “Tampoco tienen acceso a datos importantes de su historial médico, como la propensión a padecer enfermedades cardíacas, cáncer o esclerosis múltiple. Estos son los costes reales y tangibles” de la subrogación. Más que celebrar la maternidad subrogada, deberíamos “detenernos un momento y considerar al menos todas las dimensiones del problema”.

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