Los riesgos del látex

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Duración lectura: 2m. 19s.

Contrapunto

En Alemania se han retirado de la venta alimentos infantiles producidos en España, al haberse detectado que sus niveles de lindano y otros pesticidas superaban lo permitido por la legislación alemana. Aun así, el ministerio de Medio Ambiente de Baden-Wurtemberg ha aclarado que “no existe ningún peligro serio para la salud”. Las autoridades sanitarias españolas han reaccionado diciendo que la retirada de estos alimentos “tiene un matiz importante de proteccionismo” y que los productos cumplen las normas de la Unión Europea. De poco ha servido. La seguridad no tiene precio.

En Francia, la revista del Instituto Nacional del Consumo afirma en un número especial dedicado a los preservativos, que, de 28 marcas puestas a prueba, 12 deben “ser evitadas” por inseguras frente al riesgo de contagio del SIDA. “En materia de preservativos, aunque la reglamentación francesa está entre las más rigurosas del mundo, no parece todavía suficiente cuando está en juego la vida”, dice el comunicado de prensa que anuncia la aparición de la revista. Los resultados publicados por la revista mensual 50 millones de consumidores (abril) arrojan dudas sobre la calidad de los preservativos comercializados en Francia por esas doce marcas: “algunos preservativos se rompen, otros son porosos”.

Por su parte, la Administración mantiene que, si se respetan las normas establecidas para la producción, no tendría que ocurrir así. El problema es, dicen otros expertos, que en el estado actual de los métodos de producción industrial no se puede garantizar que la totalidad de los preservativos vendidos bajo una marca responda a esas normas.

Esta incertidumbre contrasta con la seguridad que se atribuye al preservativo en las campañas de prevención del SIDA. Ya en 1988, la misma revista publicó un estudio comparativo sobre 41 marcas, coincidiendo con una campaña nacional del Ministerio de Sanidad en favor de la utilización del preservativo como método de prevención del SIDA. Según este estudio, uno de cada dos preservativos era entonces inseguro contra la infección. Por aquellas fechas los poderes públicos prohibieron la venta de cinco marcas. Pero, a juzgar por el nuevo estudio, no parece que el riesgo de la falta de calidad de los preservativos haya desaparecido. Y si esto ocurre en un país cuyas normas de calidad al respecto están “entre las más rigurosas del mundo”, es inquietante lo que puede ocurrir en muchos países pobres donde estos productos se venden sin ningún control.

Lo llamativo es el doble registro: ningún rigor parece excesivo cuando la salud del consumidor puede correr un limitado peligro; en cambio, el preservativo se promueve con gran desenvoltura, aunque no suprima el riesgo de un contagio que cuesta la vida.

Juan Domínguez

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