Los medicamentos en África son más caros que en Europa

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Los medicamentos en África son más caros que en Europa o Norteamérica. Así lo confirma un estudio de la farmacéutica noruega Kirsten Myhr, presentado en una conferencia organizada en Nairobi por Médicos sin Fronteras, para pedir a las compañías farmacéuticas que bajen los precios.

El pasado mayo se anunció que la ONU había alcanzado un acuerdo con cinco compañías farmacéuticas para una bajada drástica de los precios de las medicinas contra el SIDA, para hacer posible que estén al alcance de países africanos que sufren especialmente esta pandemia.

Los medicamentos para combatir el SIDA o las enfermedades tropicales tienen precios inasequibles para millones de africanos. Según Kirsten Myhr, que gestionó el aprovisionamiento farmacéutico de Botsuana, en muchos de estos países los tratamientos contra la malaria cuestan el doble que en Noruega -que tiene precios similares a la media de la Unión Europea-, a pesar de que el 90% de las muertes por malaria se producen en África. Cien cápsulas de nevirapina, que sirve para evitar la trasmisión del SIDA de madre a hijo durante el embarazo, cuestan 430 dólares en Noruega, donde rara vez se produce este problema, y 874 dólares en Kenia, donde el riesgo de trasmisión es muy alto.

Las diferencias de precio son aún más grandes si se tiene en cuenta la renta per cápita en los países pobres. Un tratamiento contra la tuberculosis le cuesta a un suizo el sueldo de una hora de trabajo, pero a un trabajador de Tanzania, el de 500 horas. No tener el dinero equivale a quedarse sin medicamentos ya que los africanos pagan de su bolsillo en torno al 80% del precio final de los medicamentos (International Herald Tribune, 17/18-VI-2000).

No obstante, comparar precios es difícil. Un mismo medicamento tiene diferentes precios en cada país e incluso dentro del mismo, según se adquiera en pequeñas farmacias, mayoristas o en hospitales públicos. El margen de beneficio de los pequeños comercios, los impuestos y los descuentos también modifican los precios. Además, aunque muchos países pobres utilizan los sistemas de venta al por mayor de la OMS -que abarata los costes-, en ocasiones los medicamentos no llegan hasta el consumidor a causa de los robos, la corrupción o una pésima distribución.

Para que el mercado farmacéutico abastezca a los pobres, habría que distribuir los medicamentos en el Tercer Mundo a precios más bajos (ver servicio 129/99). En este sentido, Peter Piot, director ejecutivo de Onusida (el programa de la ONU para la lucha contra el SIDA), anunció el pasado mayo que las compañías farmacéuticas Bristol-Myers Squibb, Glaxo Wellcome, Merck, Boehringer Ingelheim y Roche se han comprometido a bajar en África los precios de los medicamentos contra el SIDA, con reducciones que pueden llegar a un 85% del precio en Estados Unidos.

De esta manera, además, las multinacionales responden a la amenaza de los países africanos de comprar medicamentos a las empresas que plagian las fórmulas occidentales. Las imitaciones fabricadas en la India, Brasil y otros países son mucho más baratas. Por ejemplo, una dosis del cóctel ZDC/3TC contra el SIDA cuesta 18,78 dólares en Estados Unidos y en Brasil, 1,44 dólares.

De todos modos, el precio de los medicamentos es solo uno de los obstáculos para la atención de los enfermos en África. En el caso del SIDA, hace falta también una infraestructura sanitaria adecuada para distribuir las medicinas y lograr el seguimiento de los enfermos, vigilando los efectos secundarios.

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