Los cambios en los comportamientos sexuales, eficaces en la lucha contra el sida

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Acaba de publicarse el “Informe sobre la epidemia mundial del sida 2008”. Se presenta pocos días antes del inicio de la XVII Conferencia Internacional del Sida, que empieza el próximo 3 de agosto en Ciudad de México.

La batalla contra la enfermedad sigue abierta. El número de personas que viven con el VIH en todo el mundo asciende ya a unos 33 millones. En 2007 se infectaron 2,7 millones y fallecieron de sida dos millones de personas. Según el informe, “el número total de personas que viven con el virus ha aumentado, con cerca de 7.500 nuevas infecciones diarias”.

Pero también hay noticias positivas, ligadas en su gran parte a los buenos resultados de los nuevos tratamientos contra la enfermedad. Informa Onusida que, en los países de ingresos bajos y medios, están recibiendo antirretrovirales unos tres millones de personas. A causa de la extensión de este tratamiento, en los últimos dos años ha descendido la mortalidad relacionada con el sida: de 2,2 millones a 2 millones (2007). No obstante, “esta enfermedad continúa siendo la principal causa de mortalidad en África, donde vive el 67% de las personas VIH positivas del mundo”, recuerda Onusida. En ese continente, el 60% de las personas infectadas por VIH son mujeres y tres de cada cuatro jóvenes VIH positivos son también de sexo femenino.

Tres grupos con más riesgo

Onusida afirma que en algunas regiones “los cambios en el comportamiento sexual han tenido como resultado descensos en el número de nuevas infecciones por VIH”. De frases como la antedicha, algunos medios concluyen que es la extensión del preservativo lo que está conteniendo la enfermedad. Pero el informe se refiere a un fenómeno más amplio.

De hecho, en algunas de las zonas más afectadas por la enfermedad, lo que más destaca el informe es que se ha detectado que los jóvenes retrasan el inicio de las relaciones sexuales, por lo que el riesgo de infección disminuye. Estos indicios se han registrado por ejemplo en Burkina Faso, Camerún, Etiopía, Ghana, Malaui, Uganda y Zambia. El informe destaca el ejemplo de Camerún. Allí el porcentaje de jóvenes que tenían relaciones sexuales antes de alcanzar los 15 años se redujo del 35% al 14%. En la rueda de prensa de presentación del informe Michel Sidibe, director ejecutivo adjunto de Onusida, señaló que “estos cambios de parámetros sexuales son un gran logro”.

También parece que, para ser eficaces, las estrategias de prevención han de adecuarse al tipo de población al que se dirigen, pues no todas tienen el mismo nivel de riesgo de infección. “Prácticamente en todas las regiones del mundo, excepto en África meridional, las infecciones por el VIH afectan, sobre todo, a los consumidores de drogas inyectables, los hombres que tienen relaciones sexuales con hombres y los profesionales del sexo”, sostiene Onusida.

La situación en Occidente

Por un lado, señala el informe un aumento de personas que viven con el VIH en Norteamérica y Europa occidental. Por ejemplo, en España la estimación de personas infectadas ha pasado de 120.000 a 140.000. Algo parecido sucede en Francia, mientras que en Italia son 150.000, en el Reino Unido 77.000 y en Alemania 53.000. Este aumento de personas infectadas obedece en gran medida a que el tratamiento, que llega a prácticamente todos los enfermos en estos países, hace crónica la enfermedad, con lo que aumenta el número de enfermos vivos (en 2007 entre Norteamérica y Europa occidental murieron unos 30.000 enfermos de entre dos millones de infectados).

También hay que destacar que en estos países una de las causas que han llevado a reducir drásticamente el número de infecciones son las medidas sanitarias dirigidas a quienes se inyectan drogas. Ahora la principal vía de contagio es la sexual y, en concreto, en dos ámbitos bien determinados. El sexo entre homosexuales sigue siendo la principal causa de transmisión en Canadá y Estados Unidos (40% y 53% de contagios, respectivamente). Algo parecido sucede en Australia y en los países europeos. Los llamados “profesionales del sexo” son el otro sector más afectado por la enfermedad.

Resulta evidente que en esos ámbitos el problema no es de desinformación sexual, por lo que no parece que lo más práctico sea destinar recursos millonarios a convencerles del uso del preservativo. Para ellos hay otros medios, también recomendados por el informe, como la prueba del sida. Por ejemplo, en España, según el informe, la cobertura de la prueba es aún del 49% entre los homosexuales y el 67% entre personas que se prostituyen, unas tasas que, si bien más elevadas que en países en desarrollo, ciertamente deberían ser más altas, a la vista del riesgo.

En muchos países occidentales, las campañas de prevención dirigidas a los jóvenes se centran casi exclusivamente en la promoción del uso del preservativo. De momento, no son ellos la población con más riesgo de contagio. Pero el énfasis en este tipo de “sexo seguro” da por supuesta la promiscuidad y contribuye así a considerarla normal. Y esto sí que es considerado un riesgo por el informe, que entre sus medios de prevención del VIH recomienda la “reducción de parejas sexuales”.

Desde otros países del escenario occidental (Estados Unidos) llevan ya años indagando otras estrategias directamente dirigidas a lograr esta reducción de parejas sexuales (ver abajo: artículos relacionados). Son las que incluyen la promoción de la abstinencia y la fidelidad. Dicha acción tiene además efectos colaterales enormemente positivos en la reducción de los embarazos no deseados y el aborto.

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