Alcaldes holandeses divididos respecto a las drogas

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Duración lectura: 4m. 7s.

Amsterdam. La capital holandesa deberá cerrar cuarenta y tres coffeeshops -donde se vende cannabis- por estar más cerca de colegios de secundaria de lo que la ley permite (por lo menos un radio de 200 metros y un trayecto de 250 metros a pie). El actual gobierno, formado por democristianos (CDA), una agrupación de pequeños partidos protestantes (ChristenUnie) y socialistas (PvdA), acordó en el programa de gobierno no tocar la ley ni hacer experimentos sobre la legalización de la droga blanda con el único argumento que compartían: Holanda no puede ser una excepción en la normativa europea. Solamente se propusieron disminuir el número de coffeeshops y hacerlos desaparecer de la cercanía de los colegios.

Si del ministro de Justicia dependiera, se cerrarían todas. En un reciente debate, la mayoría de los parlamentarios estaba de acuerdo con él, si no en cerrarlas, por lo menos, en endurecer la política en relación con el cultivo y venta de drogas. Más en concreto, cerrar centros donde se cultivan las plantas de suministro y establecimientos que venden semillas para el cultivo doméstico de marihuana. Cualquier cliente del globo puede hacer un pedido y “elegir semillas de treinta tipos de cannabis de alto grado de éxito de germinación, enviados de forma discreta por los mejores distribuidores de semillas del mundo”, como se lee en la propaganda de uno de los innumerables proveedores del gremio. Una de las razones de los políticos para atajar el cultivo es que en Holanda sólo se consume el 20% de la producción; el resto se exporta y es aquí, en todo lo que rodea la producción y venta, donde se centra la criminalidad.

La tan traída y llevada política de tolerancia holandesa consiste en la extraña paradoja de que se pueden comprar 5 gramos de droga blanda a partir de los 18 años en los coffeeshops, pero su cultivo está prohibido. Doble moral y de complicada aplicación: ¿cómo puede ser legal la compra y estar prohibido el suministro? O sea, que toda la droga que se cultiva pertenece al mercado ilegal, un negocio donde se mueve la delincuencia.

Según un estudio que los ministros de Justicia e Interior presentaron el 22 de noviembre a la Segunda Cámara, realizado por servicios de la policía nacional, Holanda es un país de tránsito de drogas duras y sintéticas. Ambas son las principales actividades de la criminalidad organizada, a la que atrae también Holanda por ser un país donde es fácil el blanqueo de dinero en proyectos inmobiliarios. La investigación que se realiza cada cuatro años tiene como fin establecer las prioridades gubernamentales respecto a la lucha contra la criminalidad. Así que la ilegalidad en tema de drogas duras, en contra de lo que perseguía la política de tolerancia, sigue siendo prioritaria.

Los alcaldes están divididos respecto a las medidas contra las drogas, según se ha visto en una “Cumbre sobre cannabis” celebrada el 21 de noviembre y en la que han participado treinta y tres alcaldes. El de Amsterdam, Rob Cohen, afirmó en entrevistas que no estaba de acuerdo con la medida del cierre de los 43 coffeeshops, aunque se llevaría a cabo por venir del gobierno. Según él, en Amsterdam se ha conseguido separar la droga blanda y dura, los coffeeshops no generan tantas irregularidades y los jóvenes holandeses no consumen más marihuana que los de Francia, donde la política es más severa.

En Amsterdam el número de coffeeshops ha descendido de 350 a 228; el motivo es la ley por la que si uno se cierra, no se abre otro automáticamente. Aun así, es la ciudad del mundo que más tiene. En cambio, los alcaldes de Roosendal y Bergen op Zoom, ciudades cercanas a Bélgica, quieren cerrar sus treinta coffeeshops. Ambas ciudades tienen que soportar el paso de un millón de “narcoturistas”, con las consiguientes irregularidades que ello acarrea (cfr. Aceprensa, 13-03-2008). Para la mayoría de los demás alcaldes, la solución no está en cerrar las coffeshops sino en regular y controlar la venta; tampoco son partidarios del dejar libre el cultivo, sino de limitarlo y controlarlo mediante licencias. Su argumento es que si se cierran los coffeeshops cerca de las escuelas aparecen los traficantes en los alrededores.

Según un sondeo realizado el mismo 21 de noviembre por Maurice de Hond, un tercio de los holandeses es partidario de cerrar no solo los coffeeshops que están cerca de los colegios, sino todos.

Ahora que los alcaldes han expresado en la cumbre sus peticiones, la pregunta es si el gobierno seguirá en su línea de no hacer experimentos. De momento, Hirsch Ballin, ministro de Justicia, anunció que dentro de cuatro meses publicará el gobierno un documento sobre esta cuestión.