Las reformas sanitarias tienen en cuenta a los más ancianos

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Con el aumento general de la población anciana en los países desarrollados, se multiplican los casos de personas que necesitan asistencia médica prolongada. En Suecia o en Estados Unidos, por ejemplo, la probabilidad de que una persona mayor de 65 años necesite recurrir algún día a cuidados sanitarios de larga duración es del 40%; y con la edad aumenta el riesgo. Previendo el futuro, no pocos países se han lanzado a reformar sus programas sanitarios, uno de cuyos retos es conseguir la financiación suficiente. De estas tendencias da cuenta un análisis que acaba de publicar la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) (1).

Según esta organización, los médicos están de acuerdo en que los hospitales -por el coste y por el ambiente- no son el mejor lugar para internar a ancianos que necesitan atención constante. De hecho, el número de camas que los hospitales reservan a estas personas se ha reducido en casi todos los países. También están a la baja, en países como Noruega, Suecia y Gran Bretaña, las residencias de ancianos tradicionales: desde el comienzo de esta década, cada año hay un 10% menos de ancianos internos en ellas. Por el contrario, han aumentado las plazas en centros geriátricos, que siguen desbordados a pesar de que muchas familias tienen a sus ancianos en casa. Y también se van generalizando fórmulas sanitarias como la atención a domicilio (cuidados que incluyen desde las comidas a las necesidades médicas) o los centros de acogida diurna.

Al contrario de lo que suele pensarse, la mayoría de los ancianos no se incorporan a los centros geriátricos por la debilidad acumulada con los años, sino que llegan desde el hospital, tras alguna operación o una enfermedad que ha disminuido notablemente su capacidad de independencia. De ahí que la OCDE recomiende desarrollar más los servicios médicos destinados a enfermos convalecientes y la atención que prestan los servicios sociales municipales.

Pero en toda reforma de este estilo, la cuestión crucial es la financiación. Desde hace diez años se recurre más a los seguros privados. Al margen de su eficacia, ha habido tiempo para conocer sus deficiencias: las pólizas son por lo general demasiado caras y es frecuente que los cotizantes abandonen el sistema. Tanto que, según el análisis de la OCDE, no es planteable que desde el sector privado se llegue a cubrir por completo la demanda sanitaria de los ancianos enfermos. Según esta organización, es muy probable que, a pesar de los recortes actuales de los presupuestos públicos, casi todos los países de la OCDE financien prioritariamente con fondos públicos los sistemas de protección social, y en ellos incluyan los cuidados sanitarios de larga duración.

En países donde el régimen de Seguridad Social no cubre los gastos por enfermedad de ancianos que necesitan una atención médica continuada, se buscan nuevas formas de cobertura. Por ejemplo, en 1993, Austria reemplazó un sistema de subsidios federales y locales por uno unificado para tratar a los enfermos de larga duración. Al año siguiente, Alemania aprobó un nueva rama de seguros sociales destinados a los mismos pacientes; y el año pasado Francia anunciaba para 1997 una extensión de las prestaciones existentes aplicables a personas cuidadas a domicilio o en centros sanitarios.

________________________(1) Protéger les personnes âgées dépendantes: des politiques qui évoluent, Éditions de l’OCDE, Paris (1996).

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