La psicología social, terreno abonado para el fraude

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En un artículo publicado en MercatorNet, Michael Cook recuerda algunos casos de investigaciones fraudulentas en el campo de la psicología, y se pregunta si podemos confiar en investigaciones científicas que a veces se utilizan en veredictos judiciales.

Varios casos de investigadores fraudulentos han removido a la comunidad científica en los últimos años. Uno de los más conocidos fue el de Diederik Stapel, psicólogo holandés de la Universidad de Tilburg, que reconoció haber manipulado o inventado datos en muchas de sus investigaciones publicadas en las principales revistas científicas. Algunos de estos estudios, por ejemplo, “demostraban” que un entorno donde no se recogiera la basura favorecía el racismo, o que los vegetarianos eran más felices que los no vegetarianos.

Como señala Cook en su artículo, los editores de las revistas científicas han sido acusados frecuentemente de no exigir la verificación suficiente a estudios que presentan conclusiones atractivas o sorprendentes. Los investigadores, por su parte, se ven seducidos por la tentación de lo que Cook llama “neofilia”, investigar sobre algo nuevo en vez de revisar conclusiones anteriores, porque esto vende menos: “la práctica de reproducir experimentos de otros investigadores para revisar su validez es infrecuente. Los investigadores están más interesados en estudios llamativos y novedosos porque atraerán más financiación”. Este círculo vicioso entre investigadores, editores y financiación se produce con más facilidad en ciencias como la psicología, donde los “descubrimientos” tienen un público potencial más amplio, y cuyas conclusiones frecuentemente son difíciles de demostrar o falsar.

Cook considera que el requisito, adoptado por las principales revistas científicas, de que el estudio sea revisado por otros científicos (peer review) no asegura su validez. A este respecto, recoge unas palabras de Colin Macleod, un reconocido psicólogo de la University of western Australia: este mecanismo no está diseñado para luchar contra el fraude científico. Para empezar, parte de la premisa de que el estudio clínico se ha realizado de verdad, y se ocupa de revisar si el diseño del estudio es apropiado para responder la pregunta planteada, y si los datos aportados están analizados de forma correcta. Si el estudio clínico ni siquiera se ha producido, o si los datos publicados no son los realmente obtenidos, entonces el peer review es ineficiente”.

“¿Realmente importa esta debilidad del método científico?”, se pregunta Cook irónicamente. “En la investigación médica, claramente sí […] ¿Pero, en la psicología social?, ¿en estudios sobre si la gente que toma tofu es más feliz que la que toma carne? Probablemente el tema más candente en las políticas sociales actuales es el matrimonio homosexual. Los argumentos para su aprobación se sostienen en pequeños estudios de psicología social sobre el ‘estigma’ de la homosexualidad, la fortaleza de las relaciones homosexuales, los efectos en los hijos o en el bienestar social, etc”..

Cook recuerda que el juez que negó validez a la Proposición californiana que vetaba el matrimonio homosexual, adujo que “la validez de la investigación científica que avala este veredicto está fuera de todo debate serio”. Y reflexiona: “Las investigaciones de Stapel no tienen nada que ver con el matrimonio homosexual. Pero los fallos de verificación que le permitieron publicar sus estudios fraudulentos durante años deberían volvernos más escépticos sobre las conclusiones fuera de todo debate serio”.

En cuanto a la influencia del cientificismo cultural en los casos de fraude, son significativas las declaraciones de Stapel a The New York Times después de admitir sus prácticas engañosas: “La gente piensa que los científicos son como monjes en un monasterio, preocupados solo de buscar la verdad. La gente ha perdido la fe en la iglesia, pero no han perdido la fe en la ciencia. Mi comportamiento demuestra que la ciencia no es santa”.

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