La ONU insta a prohibir toda forma de clonación

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Abandonado el proyecto de elaborar una convención internacional contra la clonación humana, la ONU ha aprobado una declaración no vinculante, en conformidad con lo que se acordó en noviembre pasado (ver Aceprensa 154/04). El texto insta a los estados a “prohibir todas las formas de clonación humana en la medida en que sean incompatibles con la dignidad humana y la protección de la vida humana”. Fue adoptado el 8 de marzo por la Asamblea General de la ONU con 84 votos a favor y 34 en contra, más 37 abstenciones.

La prohibición recomendada se refiere tanto a la clonación reproductiva como a la experimental, llamada “terapéutica”. Pero la cláusula añadida deja suficiente margen para que los estados partidarios de investigar con embriones clónicos la interpreten a su conveniencia. La fórmula aprobada es menos neta que el borrador inicial, presentado por Italia, que invitaba a “prohibir todo intento de crear vida humana mediante procesos de clonación y toda investigación realizada con el fin de lograr este objetivo”.

Aun así, la declaración puede considerarse una victoria moral de la mayoría de países que abogaban por prohibir todo tipo de clonación. De ello es indicio que el otro bando haya dicho que el texto aprobado es “débil” y “político”, y que “no refleja nada cercano a un consenso dentro de la Asamblea General”, en palabras del embajador británico. Una señal más de lo mismo es que los países contrarios a la declaración han criticado que se diga “vida humana” en vez de “ser humano”, pese a que el primer término ya aparecía en la propuesta italiana y entonces lo aceptaron. En todo caso, Gran Bretaña y otros estados de la misma opinión se han apresurado a consignar que seguirán promoviendo investigaciones con células madre obtenidas de embriones clónicos.

La propuesta de prohibir la clonación experimental, además de la reproductiva, siempre tuvo más apoyos que la contraria a lo largo de los debates sobre la fallida convención. Con Estados Unidos y Costa Rica a la cabeza, la impulsaba un grupo heterogéneo de países, en su mayor parte americanos y africanos, que han votado a favor de la declaración. Enfrente se alinearon casi todos los estados europeos y algunos asiáticos, singularmente India, China y Corea del Sur, que financian programas de experimentación con embriones. Pero la Comisión Jurídica de la ONU nunca estimó que hubiera suficiente consenso para proponer un proyecto de convención a la Asamblea General. El cambio a una declaración no vinculante ha servido para que el tema se sometiese por fin a votación y se comprobase de qué lado estaba la mayoría.

El texto aprobado es más amplio que el borrador inicial. En especial, añade una novedad importante en el último apartado: “Los Estados Miembros habrán además de tener en cuenta, en su financiación de la investigación médica, incluidas las ciencias biológicas, cuestiones acuciantes de alcance mundial como el VIH/SIDA, la tuberculosis y la malaria, que afectan particularmente a los países en desarrollo”. El mensaje es claro: la experimentación con embriones no es una prioridad sanitaria. Como dijo el delegado de Etiopía, los fondos que se emplean en clonación deberían destinarse a investigar remedios para las tres enfermedades citadas en la declaración.

Los restantes puntos del documento instan a los estados a adoptar medidas para “prohibir la aplicación de las ciencias de ingeniería genética que puedan ser contrarias a la dignidad humana”, así como “proteger adecuadamente la vida humana” e “impedir la explotación de la mujer” en las prácticas de biotecnología. Lo último alude al peligro de que se utilice abusivamente a las mujeres como fuentes de óvulos para experimentar.

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