La lección moral del SIDA

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Duración lectura: 1m. 26s.

Luc Montaigner, virólogo francés que en 1983 descubrió el virus del SIDA, responde en La Vanguardia (Barcelona, 3-XII-96) a las preguntas de Margarita Rivière.

– ¿Qué piensa de la imagen de plaga bíblica?

– La lección moral de la enfermedad es que nuestro desarrollo es capaz de cambiar el medio ambiente de muchas formas y la interacción con nuestros propios parásitos. Se crean desequilibrios. Es posible que en el caso del SIDA se hayan creado condiciones para su desarrollo…

– ¿Como cuáles?

– La promiscuidad, el libertinaje sexual. Si se hace historia, se puede decir que el SIDA es el hijo de la píldora anticonceptiva.

– ¿Dice esto a menudo?

– Alguna vez, es lo que pienso. Es una paradoja: la píldora dio libertad a la mujer y esta libertad llevó a la liberación de las minorías homosexuales que cazaban el sexo por todas partes. El turismo sexual es un ejemplo. Es una consecuencia indirecta de esa inicial libertad.

– ¿Le parece mal la libertad personal?

– En absoluto, pero hay que asumir las consecuencias de nuestros actos: no se puede hacer de todo impunemente. Lo cual no quiere decir que esté a favor de ninguna regresión.

– El sexo es lo que ha dado el morbo y el interés a esta enfermedad.

– Es lo que ha dado los límites de nuestra libertad biológica. No se puede ir todos los días a comer y cenar a un restaurante de cinco tenedores porque acabaremos con una cirrosis o una indigestión. Los excesos se pagan siempre. Y eso es lo que ocurrió con los homosexuales en el decenio de los ochenta.

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