Italia: el “mercado salvaje” de la fecundación artificial

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“Fecundación sin límites”: con este título de cabecera agrupaba el Corriere della Sera diversas informaciones sobre la ráfaga de casos de fecundación artificial que han ocupado el interés de la opinión pública italiana en las últimas semanas. Los episodios han revelado que estas prácticas -algunas bajo investigación judicial por sospecha de fraude- se han convertido en un negocio muy lucrativo, un “mercado” sin escrúpulos favorecido por la ausencia de una ley que las regule.

La magistratura de Nápoles investiga posibles delitos de estafa en centros que practican la fecundación in vitro. La estafa consistiría en cambiar el semen del marido por el de un donante anónimo para aumentar las posibilidades de éxito. La sospecha nació de la denuncia de un matrimonio cuya hija, nacida hace dos años gracias a la FIVET, tenía síntomas de anemia mediterránea, enfermedad hereditaria que el padre no padece.

La mujer, que hoy tiene 30 años, fue diagnosticada de oclusión tubárica y sometida a tres FIVET. El precio de la intervención ascendió a 12,5 millones de liras, más 250.000 liras de honorarios por cada visita de control (fueron necesarias 25). Lo curioso del caso es que la mujer tuvo después dos embarazos naturales.

Si se confirma el fraude, los padres de los niños nacidos en los centros incriminados podrían poner en marcha un procedimiento jurídico de desconocimiento de la paternidad. Según algunos co-mentaristas, esta posibilidad, de la que ya existen precedentes, confirmaría el carácter profundamente egoísta del “niño a toda costa”.

A esos casos se añade el de Elisabetta, la niña nacida en la primera semana de enero, dos años después de la muerte de su madre, gracias a que el embrión congelado fue implantado en el seno de su tía (hermana del padre). Junto a la perplejidad que levantó en amplios sectores esta “medicina del deseo”, el episodio provocó también una polémica “técnica”, pues algunos especialistas aseguraron que el centro responsable carece del instrumental necesario y que, en el fondo, todo podría ser una operación de propaganda.

Junto a los problemas éticos, preocupa también la imagen que el país puede dar en el exterior. Se sabe de casos de mujeres en menopausia desde hace años que se han sometido en Italia a inseminación artificial porque en sus países está prohibido. Algunas de estas madres-abuela dieron a luz prematuramente y tuvieron que ser atendidas en sus respectivos países.

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