La presión por publicar –y no en cualquier revista– es una carga para los investigadores, que dependen de sus artículos para medrar académicamente.
Pero es justamente la propia comunidad científica la que lleva tiempo alertando de que, en la pugna entre calidad y cantidad, la balanza se inclina peligrosamente hacia la segunda: entre 2016 y 2022 se ha incrementado un 47% el número de artículos indexados, de acuerdo con un estudio de la Universidad de Exeter.
Pero esto es solo la parte más visible de un problema con muchos flecos. Así, el porcentaje de submissions, las propuestas presentadas a las revistas, aumentó un 25% durante el primer trimestre del año pasado solo en las publicaciones de impacto (Q1) pertenecientes al grupo Wiley.
Este …
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