Información científica fiable: empezar por el titular

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Duración lectura: 2m. 40s.
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Más que la transmisión de hechos inventados, el fallo de gran parte de las noticias que se suelen calificar de fake news o desinformación es más bien la falta de precisión o de contexto, o la exageración. Si en cualquier medio esto supone un problema informativo, cuando se trata de noticias científicas el riesgo es mayor, pues puede llevar a los lectores a tomar decisiones potencialmente peligrosas para su salud.

Estos defectos de la información sobre ciencia o salud suelen darse especialmente en los titulares, y con frecuencia obedecen a un deseo de “enganchar” al lector. La comunidad científica es cada vez más consciente de este reto. Prueba de ello son las guías elaboradas por distintos profesionales, como la publicada el año pasado en el Journal of the Royal Society of Medicine. Un artículo de Denise-Marie Ordway ofrece en The Journalist’s Resource cinco consejos para evitar los malos titulares, inspirados en la experiencia de periodistas científicos y de investigadores.

El primero es de tipo negativo: no utilizar términos como “milagroso”, “hito”, “revolucionario” para hablar de tal o cual hallazgo científico o tratamiento. Muchas veces estos calificativos son exagerados. Pero incluso si realmente se tratara de descubrimientos tan relevantes, lo normal es que deban transcurrir años –por las distintas fases de ensayos, los trámites de aprobación, el establecimiento de las cadenas de producción y distribución– hasta que los pacientes puedan beneficiarse de ellos. No conviene crear falsas expectativas.

En segundo lugar, los periodistas deben aclarar si la investigación a la que se refieren se ha realizado en animales, que es lo más normal. “Muchas de las historias sobre Lo último que tienes que saber acerca de lo que puede matarte el próximo martes –comenta con ironía un científico citado por Ordway– mejorarían mucho su precisión con tal de que se añadieran dos palabras: en ratones”.

El tercer consejo se podría aplicar a la investigación en cualquier disciplina: no confundir correlación con causalidad. La mayor parte de las veces, las investigaciones pueden demostrar simplemente una correlación entre fenómenos, pero no que uno sea la causa como tal del otro, pues suelen intervenir –e interferir– muchos otros factores.

En cuarto lugar, Ordway reclama que los periodistas mencionen las cifras absolutas, y no las relativas, en el titular de la noticia. Un caso concreto: si la incidencia de una enfermedad ha pasado de uno a dos casos por cada 100.00 personas, sería engañoso alarmar sobre “un aumento del 100% en la tasa de prevalencia”, cuando se trata de un cambio ínfimo.

Por último, la autora lanza una recomendación a los propios investigadores: pelear para que se mantenga el titular que ellos han propuesto. En muchas ocasiones, comenta Ordway, son periodistas con puestos altos –y que no han tratado directamente con los científicos– quienes deciden dar “un retoque” final al encabezado de la historia. De ahí la importancia de que el investigador siga el proceso de publicación, y se asegure de que el cambio –si lo hay– no altere la veracidad del titular.

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