Indulgencia con los fumadores

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Duración lectura: 2m. 13s.

Contrapunto

Después de varios años de enérgica cruzada, empieza a extenderse una actitud más tolerante hacia el hábito de fumar. En la III Semana Europea de Prevención de Toxicomanías, inaugurada en París el 18 de noviembre, se transmitió un mensaje de comprensión con los fumadores. Según Nicole Maestracci, responsable francesa de la lucha contra las drogas, se va a abandonar las campañas basadas en “la fuerza de decir no”. Realidad obliga: “Para ser creíbles ante los jóvenes, es imperativo dejar de cerrar los ojos ante el consumo”. El objetivo no puede ser la abstinencia total, dijo, porque eso es pedir demasiado.

Al mismo tiempo, un estudio publicado en The Lancet (24-X-98), al que acompaña un comentario editorial, asegura que fumar no es tan malo, y recomienda una “indulgencia moderada”. También subraya que “el deseo de tomar sustancias que modifican los estados de conciencia es una constante en las sociedades humanas del mundo entero, y que ni siquiera las legislaciones más severas han conseguido erradicar ese deseo”.

La nueva indulgencia sólo se refiere a la marihuana. El tabaco sigue tan “satanizado” como antes. Nadie, al parecer, piensa que apartar a los jóvenes del tabaco sea una meta imposible. En Estados Unidos, las empresas tabacaleras han sido obligadas a dotar con 25 millones de dólares anuales hasta el 2009 una fundación para estudiar cómo evitar que los jóvenes empiecen a fumar (tabaco). También han tenido que comprometerse a no anunciar sus productos a menores de 18 años.

Por su parte, The Lancet se muestra partidario de legalizar el uso del cannabis para los enfermos terminales, por “compasión”. La razón es que la marihuana puede aliviarles, aunque -como reconoce la revista- sus efectos terapéuticos no están muy claros. Por similares razones se podría aconsejar el tabaco a quienes se hallan cercanos a la muerte, ya que, para los aficionados, un cigarrillo puede calmar la ansiedad y proporcionar un pequeño placer. Pero aquí, por lo visto, la verdadera compasión no consiste en la indulgencia.

De modo que las asediadas tabacaleras pueden hallar una salida a su negocio: reconvertirse para vender marihuana. Así podrían cambiar su imagen de crueles explotadoras de las debilidades humanas y de lobby que amasa inmensas fortunas a costa de la salud pública, por la de instituciones indulgentes y compasivas, que no pretenden suprimir arraigados deseos de las sociedades del mundo entero. Además, como la marihuana se suele mezclar con tabaco, todavía podrían dar una salida “digna” a su hasta ahora principal producto.

Rafael Serrano

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