Holanda: la eutanasia se aplicará con menos control judicial

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Duración lectura: 4m. 48s.

Amsterdam. La práctica de la eutanasia en Holanda va a tener menos control judicial, a raíz del último cambio en la legislación y de otro que ya se anuncia. Hasta ahora, el médico que practica la eutanasia debe rellenar un cuestionario que se entrega al Ministerio Fiscal, al que corresponde comprobar si se ha cumplido la ley. Pero, según la reforma aprobada por el Senado poco antes de las elecciones parlamentarias del 6 de mayo, el cuestionario se enviará ahora a unas comisiones regionales formadas por deontólogos, juristas y médicos. La comisión verificará si se han cumplido los requisitos y remitirá su juicio al Ministerio Fiscal sobre si el médico ha incurrido en delito o no.

El gobierno espera que, al evitar el trámite directo con el Fiscal, los médicos pierdan el miedo a rellenar el cuestionario. Hasta ahora sólo lo rellenan un 50% de los facultativos implicados.

Pero, sin dar tiempo a que se formen las comisiones, los tres partidos gobernantes de la pasada legislatura ya han anunciado otro acuerdo que supondría menor control aún para la aplicación de la eutanasia. Se trata de una nueva propuesta de ley, hecha por el parlamentario R. van Boxtel, para que el médico no tenga que encarar la Justicia. Si el paciente ha pedido la eutanasia y el médico considera que se han cumplido todos los requisitos, no tendrá que enviar el cuestionario al Ministerio Fiscal. Si se acoge la propuesta de Van Boxtel, desaparecerán por innecesarias las comisiones multidisciplinares recién aprobadas.

Controles cada vez menos estrictos

La trayectoria de la despenalización de la eutanasia en Holanda comenzó sacudiendo la opinión pública mundial en noviembre de 1993. Pero aquel primer paso, que pretendía sólo aplicar la eutanasia en casos muy estrictos y regular lo que ya venía ocurriendo desde hacía 20 años, fue sólo la antesala de lo que siguió. La ley fue ampliando supuestos: en septiembre de 1995, a personas en situación psíquica límite, y en febrero del mismo año, a enfermos no terminales. También a pacientes que no pueden expresar su voluntad, como bebés o dementes.

En 1993 un médico de cabecera, con el consentimiento de los padres, puso fin a la vida de un bebé que había nacido con espina bífida. El médico fue juzgado el año pasado. El tribunal le halló culpable, pero no fue castigado. Es un ejemplo, frecuente, de cómo la jurisprudencia va abriendo paso a la ampliación de supuestos.

El pasado gobierno -una coalición de laboristas, liberales y el partido de izquierda D-66-, al que se le ha llamado “Gabinete violeta”, espera formar otro del mismo signo tras las elecciones, y seguir despenalizando la eutanasia. Kees Klop, de la democracia cristiana, partido de la oposición, ha criticado al gobierno en estos términos: “32 años de lucha socialista-liberal pragmática y sin principios nos ha conseguido los siguientes derechos: el derecho a matar a otro, el derecho a matarte a ti mismo y el derecho a ir de compras los domingos”. Si bien es verdad, hay algo de hipocresía en el ataque, ya que en 1993 gobernaban los democristianos con los socialistas, por lo que comparten la responsabilidad de la primera despenalización. Los democristianos dijeron entonces que daban ese paso para evitar decisiones peores, aunque a la larga se ha demostrado que lo que se hacía era abrir el camino a esas decisiones.

Desarrollar los cuidados paliativos

Con la despenalización de la eutanasia en Holanda se ha relegado la importancia de la medicina paliativa (ver servicio 171/96). Dos catedráticos de anestesiología de la Universidad Libre de Amsterdam, J.J. de Lange y W.W.A. Zuurmond, acaban de resaltar esa carencia en un diario vespertino del 22 de abril. Ambos profesores lamentan que en la medicina actual prevalezca el curar (cure) sobre el cuidar (care), fenómeno que relacionan con el desarrollo de la ciencia y de la tecnología. A quien no se le puede curar se le deja de lado, se le manda desahuciado a casa, dicen. En la política actual -sostienen en su artículo-, se discute exclusivamente sobre la regulación de la eutanasia, cuando lo primordial sería discutir cómo intensificar los cuidados a pacientes terminales.

De Lange y Zuurmond abogan por desarrollar los cuidados paliativos, integrando conocimientos interdisciplinares y tratando al paciente como hombre, no sólo como objeto de una especialidad médica. “Existe una relación entre la falta de estos cuidados y la petición de la eutanasia”, afirman los catedráticos. “Cuando no se puede curar a una persona, ésta tiende a despreciarse a sí misma. El dolor, el no luchar lo suficiente por aliviarlo, la tristeza, la depresión a causa del deterioro corporal o espiritual, junto al poco interés de la sociedad por ellos, puede conducir a que la víctima se sienta peor o inútil”.

Junto a esto, De Lange y Zuurmond destacan la tendencia actual a cuidar de los pacientes en instituciones, en lugar de que lo hagan los familiares o amigos. Razón de más por la que a menudo pierden el ánimo y piden la eutanasia.

Artículos de este estilo, o el hecho de que el gobierno haya destinado 2 millones de florines (140 millones de pesetas) para desarrollar en este año cuidados paliativos, resulta reconfortante. Especialmente cuando a los políticos lo único que parece interesarles es simplificar el laberinto burocrático del camino a la eutanasia, limitar las repercusiones penales para los médicos y negociar un final a la carta.

Carmen Montón

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