Hipócrates, un reformista en minoría

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

El juramento hipocrático fue en su día revolucionario y hoy vuelve a ir contra la corriente. Así lo escribe Burnley McDougall (The Globe and Mail, Toronto, 8-III-94), que comenta las tesis del libro de Nigel M. de S. Cameron Life and Death After Hippocrates: The New Medicine.

(…) A la luz del juramento hipocrático, ¿puede un médico intervenir de alguna manera para poner fin a una vida? Para responder esta pregunta hemos de volver al ambiente de la antigua Grecia, donde el juramento hipocrático vio la luz por primera vez. (…) El juramento dice: “No daré veneno a nadie aunque me lo pida, ni le sugeriré tal posibilidad”. Tomar veneno era la manera más común de suicidarse en la antigua Grecia, y para ello se pedía la cooperación del médico. En aquella época, en que la medicina se hallaba en un estadio primitivo y no se contaba con los modernos adelantos en cirugía y farmacología, no era raro recurrir al suicidio, que era el equivalente de la actual eutanasia voluntaria.

(…) En aquel tiempo, el suicidio no era ilegal: más aún, estaba comúnmente admitido. Esto muestra claramente el carácter singular de la específica tradición ética con la que se comprometía el médico hipocrático.

Se ve más claro si pasamos a la siguiente cláusula: “Del mismo modo, no daré un pesario a una mujer para que aborte”. (…) El aborto era corriente en el permisivo mundo grecorromano, y la manera más común de provocarlo era introducir un pesario. Como el suicidio-eutanasia, el aborto concernía especialmente a los médicos, a quienes se pedía que lo practicasen por la misma amplia variedad de razones que hoy. La medicina hipocrática era contraria al aborto, como a cualquier tipo de suicidio o eutanasia.

Los criterios de muchos médicos se basan cada vez más en dos modelos interrelacionados de medicina, ambos profundamente erróneos: medicina como técnica y medicina como satisfacción de los deseos del consumidor. Este doble modelo, que concibe al médico como un técnico provisto de destrezas que ofrecer en el mercado, es probablemente inevitable una vez que se ha abandonado el consenso ético.

“¿No llevan estas concepciones de la medicina el cuño característico de aquella otra medicina que existía antes de la revolución hipocrática? -escribe Cameron en su libro-. (…) El hipocratismo apareció originalmente en la Grecia antigua como un minoritario movimiento reformista -que acabó teniendo considerable éxito-: por eso hoy tiene una nueva relevancia. Su predominio en la medicina está cuestionado como nunca lo estuvo desde la época helenística. El hipocratismo está en declive: vuelve a ser el credo médico de una minoría. De este modo, el juramento vuelve a tener su función original: la de un manifiesto en favor de la reforma de los valores médicos”.

newsletter
cabecera_aceprensa

Reciba semanalmente por correo electrónico nuestros titulares