Familias africanas adoptan huérfanos del sida

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Uno de los efectos más devastadores del sida en África es la aparición de un número creciente de niños huérfanos. La situación es especialmente grave en los países del África subsahariana, donde el sida ha dejado ya más de 4 millones de niños sin padres. Ante la pasividad de algunos gobiernos africanos, muchas familias han empezado a acoger a huérfanos en sus casas. El diario estadounidense The Christian Science Monitor (9 septiembre 2007) ha dedicado dos artículos a este tema.

En el primer artículo, Scott Bauldaf cuenta el caso de un matrimonio joven sudafricano -Olga y Pontsho Monamodi-, con dos hijos, que acaba de acoger a seis niños. En mayo de 2005, la hermana de Olga murió de sida dejando a cuatro niños. Como no tenía más parientes, Olga se hizo cargo de sus sobrinos. La familia Monamodi volvió a crecer en junio de 2006 cuando murió la tía de Olga, madre de dos hijos.

“La verdad es que ahora tengo mucho trabajo, porque tengo que cuidar de mis hijos y de los hijos de mis parientes. Pero prefiero esto a tener que verlos tirados por la calle o robando”, explica Olga. Aunque ahora reciben unos 84 dólares del gobierno, el dinero en casa sigue siendo escaso. El sueldo de Olga y el de su marido apenas llega para dar de comer a los nuevos miembros de la familia.

En el segundo artículo, Bauldaf recoge el testimonio de otro matrimonio sudafricano -Celina y Pule Seloma- que ha adoptado a un niño con sida. Tras la muerte de su único hijo, Celina le dijo a Pule: “Nosotros no tenemos niños y comemos todos los días; en cambio, en la calle hay muchos niños que no tienen nada para comer, y ni siquiera tienen unos padres que les den cariño”.

Después de adoptar al niño se enteraron de que tenía sida. Hasta entonces -cuentan- ninguno de los dos se había preocupado realmente por los enfermos de sida. “Eso es algo que le toca resolverlo a otros, no a nosotros”, pensaban. “Pero Dios sabe más. Así que empezamos a tratarle con cariño y a darle todas sus medicinas”. Desde que empezó a tomar los anti-retrovirales, el niño recuperó el apetito y cesaron las fiebres.

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