En EE.UU. hay 400.000 embriones congelados

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Duración lectura: 2m. 23s.

En las clínicas de fecundación artificial de EE.UU. hay congelados unos 400.000 embriones, según el primer recuento nacional que se hace en el país. Esta cifra, muy superior a la estimada, es consecuencia de una creciente industria de la fertilidad, cuyo éxito depende de crear muchos embriones para implantar solo los mejores.

El recuento se realizó preguntando a las 430 clínicas de este tipo que existen en EE.UU. cuántos embriones tenían congelados y qué disposiciones habían dado los pacientes respecto a su utilización. Contestaron todas menos 90, y el equipo investigador estimó el número de embriones en 58 de estas 90, sobre la base del número de clientes y otros aspectos.

Según las instrucciones dadas por los pacientes, en un 2% de los casos se autoriza la destrucción o la adopción por otra pareja, un 3% se destinan a la investigación, y la gran mayoría (un 87%) se reservan para futuros intentos de embarazo. En EE.UU. son los pacientes los que deciden qué hacer con sus embriones, no los médicos ni el gobierno. Eso sí, tienen que pagar los gastos de crioconservación de los embriones, que pueden alcanzar los 1.500 dólares al año.

El informe, publicado en el número de mayo de la revista Fertility and Sterility y del que informa The Washington Post (8 mayo), no detalla el tiempo que llevan congelados los embriones, un dato significativo ya que con el paso de los años es menos probable que sean usados para la procreación, bien porque los pacientes han tenido ya descendencia o bien porque han abandonado el intento. En EE.UU. se realizaron unos 100.000 tratamientos de fertilidad en 2000, último año para el que hay estadísticas.

La revelación del elevado número de embriones congelados ha relanzado la polémica sobre su destino. Los partidarios de utilizarlos como material de experimentación lamentan que el presidente Bush haya decidido no financiar con fondos públicos este tipo de investigaciones, aunque no está prohibido hacerlo con fondos privados. Los que se oponen a esta instrumentalización del embrión subrayan que las clínicas deberían encontrar medios para no crear tantos embriones que luego no se implantan. Y las clínicas preferirían desembarazarse de muchos embriones, por temor a los problemas legales que podría plantearles una descongelación accidental. A su vez, muchos padres tienen una actitud ambivalente que les lleva a estar indecisos ante el destino de los embriones. “Hay gente que no es capaz de tomar una decisión”, declara al Washington Post Pamela Madsen, directora de la American Infertility Association. “Aunque sus ideas éticas o religiosas sobre el inicio de la vida humana sean muy distintas, la mayoría de ellos están de acuerdo en que sus embriones son muy especiales”.