El nuevo plan de Obama contra el sida

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Duración lectura: 3m. 15s.

En pleno debate sobre la reforma sanitaria, el presidente Barack Obama acaba de sorprender a la opinión pública estadounidense con un replanteamiento de los fondos destinados a combatir el sida en el mundo en desarrollo. La polémica se centra en la decisión de repartir el dinero para luchar también contra otras enfermedades como la neumonía o la diarrea. Según los responsables del plan, este nuevo enfoque permitiría salvar más vidas.

Pero los activistas contra el sida se han mostrado muy críticos con el plan. “Me cuesta admitirlo, pero echo de menos a George Bush”, dice Gregg Gonsalves, un veterano activista, en declaraciones al New York Times (9-12-09). “En el asunto del sida, Bush realmente dio un paso al frente. Hizo avances tremendos. Es deprimente que esto nos haya pasado con Obama”.

Lo cierto es que los planes contra el sida que propuso Bush nunca fueron pacíficos. El ex presidente era partidario de promover, junto a las dotaciones destinadas a la provisión de tratamiento antirretroviral a infectados por el VIH, la estrategia de la abstinencia entre los jóvenes (cfr. Aceprensa, 4-03-2008).

Este enfoque no agradaba a todos los activistas. Pero, por lo menos, tenían claro que Bush se había mojado en el asunto de los antirretrovirales. Desde 2003, su plan de emergencia (Pepfar) ha permitido que el número de personas tratadas contra el virus del sida en los países subsaharianos haya pasado de 50.000 a 2,4 millones.

A la vista de estos resultados, no es de extrañar que el Congreso decidiera en marzo de 2008 seguir financiando la lucha contra la pandemia mediante este programa -que destinaba también fondos a las políticas en pro de la abstinencia- con una dotación de 50.000 millones de dólares para los próximos cinco años.

Con el cambio de administración, el programa de Bush quedó en suspenso. Como es lógico, había mucha expectación en conocer el nuevo plan contra el sida de Obama. Y el resultado ha sido el desconcierto.

De entrada, el plan reajusta el acceso a los antirretrovirales: el objetivo es que para 2014 al menos cuatro millones de afectados por el VIH reciban los medicamentos. Esto reduce el ritmo que llevaba el Pepfar, pues de proporcionar ayuda a medio millón de personas más cada año pasa ahora a 320.000.

Pero, a cambio, el plan prevé que en el reparto de los fondos para luchar contra el sida se incluyan también otras enfermedades como la neumonía y la diarrea.

Pese al disgusto de los activistas, el nuevo enfoque de Obama tiene su lógica. Unicef lleva años advirtiendo que, mientras el sida se lleva la parte del león, otras enfermedades causan muchas más muertes, sobre todo de niños (cfr. Aceprensa, 30-10-2009).

Es verdad que aún más de la mitad de los infectados con el virus del sida no reciben tratamiento, y en 2007 murieron dos millones. Pero la neumonía mata a un número igual de niños menores de 5 años, y la diarrea, a otro millón y medio. Y los esfuerzos para evitar tal mortandad infantil serían mucho menos costosos.

Esta ha sido la lógica que ha guiado a Eric Goosby, nuevo director del Pepfar, en la elaboración del plan. “Si dispones de recursos limitados, ¿no es razonable y ético atender primero a los enfermos?”

Goosby también ha asegurado que el nuevo plan para combatir el sida pondrá más atención en la prevención de la epidemia y en las estrategias para frenar la transmisión del virus de madre a hijo.

El plan de Obama guarda silencio, en cambio, sobre algunas cuestiones controvertidas. Nada se dice acerca del dinero que va a destinar el Pepfar a los programas centrados en la abstinencia.

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