El dólar “in vitro”

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Duración lectura: 2m. 40s.

En Estados Unidos se aprecia que la fecundación in vitro es un negocio y que las clínicas especializadas adoptan un enfoque muy comercial, explica Gina Kolata en The New York Times (1 enero 2002).

La periodista pone el ejemplo de una nueva clínica, Reproductive Medicine Associates, de Nueva Jersey. Contrató a un asesor de marketing que preparó una estrategia comercial. Entre otros métodos, la clínica invita a cenar a médicos -ginecólogos, urólogos e internistas- que puedan remitir clientes y celebra reuniones semanales para parejas infértiles. Tales prácticas han llegado a ser habituales en los centros de fecundación artificial.

Las clínicas no tienen más remedio, dice Kolata. “La infertilidad se ha convertido en un gran negocio, ferozmente competitivo, que mueve mil millones de dólares y en el que cada vez más médicos se disputan un número limitado de pacientes”. En Estados Unidos, entre 1995 y 1998 (no hay datos nacionales más recientes), los procesos de fecundación in vitro aumentaron un 37%, de 59.000 a 81.000, y las clínicas especializadas pasaron de 281 a 360 (+28%). Desde que la reproducción asistida fue reconocida como especialidad, hace casi veinte años, se han formado tantos especialistas, que “han inundado el mercado”.

Los progresos técnicos y la competencia hicieron bajar los precios. A finales de los años ochenta, un ciclo de fecundación in vitro costaba 18.000 dólares; hoy sale por unos 4.500 dólares. “El resultado ha sido más pacientes, más médicos y más y más competencia”.

El consiguiente marketing es motivo de preocupación. “Como es posible que las promociones comerciales disimulen la verdad, para los médicos que remiten pacientes y para los pacientes mismos puede resultar difícil distinguir las clínicas buenas de las que prometen mucho más de lo que pueden dar. Y algunos centros que ofrecen alicientes como el compromiso de devolver el dinero si no tienen éxito, pueden acabar practicando métodos peligrosos para aumentar las probabilidad de embarazo”: por ejemplo, implantar demasiados embriones. Esto fácilmente ocasiona embarazos de tres o más fetos, que ocasionan complicaciones tanto a la madre como a los niños. [De hecho, en los nacimientos logrados con técnicas de reproducción asistida se da una proporción anormalmente alta de partos múltiples: ver servicio 24/01].

El Dr. Barry Behr, director del laboratorio de fecundación in vitro de Stanford, resume así los peligros que entraña el marketing reproductivo: “Hay pacientes desesperados, y la posibilidad de que se explote a personas vulnerables es real”. La promoción comercial, añade, “se presta por sí misma a la corrupción. Puedes acabar haciendo cosas que no son éticas: seleccionar a los pacientes, implantar demasiados embriones… cualquier cosa con tal de no tener que devolver el dinero”.

“Pero los expertos en fertilidad -señala Kolata- dicen que, con independencia de lo competentes y honrados que sean, el marketing es un hecho”. Es inevitable porque hay mucha competencia, o sea, porque -en palabras de Mark Sauer, director del centro de fertilidad de la Universidad de Columbia- “hay un montón de médicos peleándose por el dólar”.