El ambientalismo como religión

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Mientras que en el mundo occidental se pierde el sentido religioso, cada vez más gente se define como Verde con un entusiasmo y unos ritos propios del creyente. Paul H. Rubin señala algunos de estos rasgos en Wall Street Journal (22-04-2010).

– Hay una fiesta santa: el Día de la Tierra,

– Hay alimentos prohibidos. En vez de comer pescado los viernes, o evitar el cerdo, los verdes comen alimentos orgánicos y muchos tienden a comer solo alimentos cultivados localmente.

– No hay oración, pero sí sacrificios rituales que no son particularmente útiles, como reciclar papel para salvar árboles, cuyo efecto a largo plazo será que se plantarán menos árboles.

– Abrazan los sistemas de creencias sin una razón lógica. Por ejemplo, prácticamente todos los Verdes creen en el calentamiento global, pero rechazan la mejor solución al problema, que sería la energía nuclear. Estas dos creencias subsisten basadas en la fe, no en la razón.

– No tienen templos, pero hay estructuras sagradas. Al pasear por el campus de Emory, mi universidad, encuentro continuamente cubos para el reciclado, y en vez de un cubo de basura hay varios para distintos tipos de basura. Si a lo largo de la historia la gente ha rezado a muchas cosas, nosotros podemos ser los primeros en dedicar templos a la basura.

– El ecologismo es una religión proselitista. Los escépticos no son solo gente que hay que convencer con pruebas, sino que son tratados como pecadores. Probablemente yo no hubiera escrito este artículo, si no tuviera ya la titularidad permanente.

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