Drogas: prohibidas por dañinas, no dañinas por prohibidas

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Duración lectura: 2m. 28s.

Contrapunto

Los partidarios de que se legalicen las drogas suelen alegar que la prohibición es contraproducente. Las leyes represivas, dicen, crean una abundancia exagerada de causas penales que desbordan a los jueces y saturan las cárceles de “criminales” que no son más que consumidores de drogas.

Ahora, en España hay datos recientes para comprobar esa tesis, gracias al estudio Las drogas en la delincuencia y su tratamiento por la Administración de Justicia, encargado por el Consejo General del Poder Judicial a un instituto de criminología, y que se acaba de publicar. Resulta que el 30% de las sentencias dictadas en 1999 tienen que ver con drogas. En los Juzgados de lo Penal, que son los primeros en ver las causas, los asuntos de drogas son la mitad.

Está claro que si bajara el consumo de drogas, se aliviaría mucho la carga de los tribunales. Pero esto no prueba que la legalización tuviera el mismo efecto, cuestión distinta que la estadística no corrobora. De las sentencias sobre drogas, el 60% son sobre delitos contra la seguridad vial cometidos por conductores ebrios. La quinta parte son por delitos contra la propiedad cometidos por drogadictos. El 15% corresponden a casos de narcotráfico. Las causas contra simples consumidores, por posesión de droga en cantidad superior a la tolerada por la ley, están entre el 5% restante. En suma, al menos el 80% de los asuntos por drogas no tienen que ver con la prohibición: son violaciones de otras leyes.

Por tanto, lo que satura los tribunales no es propiamente el carácter ilegal de las drogas, sino las consecuencias del consumo, que se dan con independencia de que sea o no legal. Ciertamente, la prohibición por sí sola, como no deshabitúa a los adictos, no evita las consecuencias del consumo. Pero la legalización está en el mismo caso, por lo que tampoco quitaría trabajo a los jueces. Basta notar que la mayoría de las sentencias por drogas son por conductas realizadas bajo los efectos de una sustancia legal: el alcohol.

En cambio, la prohibición disuade a muchos de consumir, aunque solo sea porque con ella obtener droga no es tan sencillo como entrar en una tienda. Y en esa medida, frena la aparición de nuevos adictos y los delitos cometidos por influencia de las drogas. Por el contrario, legalizar las drogas tendría el efecto inverso, pues más gente probaría sustancias permitidas y fáciles de conseguir.

En fin, la cuestión es cómo contener la difusión de las drogas. Para eso, la prohibición no es del todo eficaz, pero es mejor que su contrario. Las leyes represivas no son el problema, sino parte de la solución; son medidas necesarias, aunque insuficientes. Contra lo que sostiene el ingenuo permisivismo, las drogas no son dañinas porque están prohibidas: están prohibidas porque son dañinas.

Rafael Serrano