Deslizamientos progresivos de la bioética

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La teoría de la “pendiente deslizante” en las prácticas de procreación artificial sigue cumpliéndose. Jacques Testart, biólogo de la procreación, comenta en Le Monde (26 enero 2004) cómo las consideraciones éticas se dejan al margen ante exigencias médicas.

Frente a los que dicen que el progreso de la ciencia exige autorizar la investigación con embriones humanos, Testart recuerda que “nadie parece tener en cuenta que esta posibilidad, abierta desde 1990 en Gran Bretaña (uno de los países más preparados para estas investigaciones), no ha desembocado en ningún resultado de interés”.

Un ejemplo de que la ética acaba siendo siempre sacrificada ante las necesidades del “progreso médico” es el diagnóstico pre-implantatorio (DPI, examen genético del embrión creado in vitro, antes de implantarlo en el útero). “Las leyes de bioética de 1994 autorizaron el DPI, pero con muchas condiciones, sobre todo reservándolo a las parejas con ‘una gran probabilidad de tener un hijo afectado de una enfermedad genética particularmente grave…’ Pero al dar luz verde recientemente al bebé-medicamento, en nombre de la ‘solidaridad dentro de la familia’, no solo se trastoca la finalidad de los actos biomédicos (¿el niño como fin o como medio?). Se pasa insensiblemente a una nueva definición de la procreación asistida puesto que hasta ahora no tenía como fin más que ‘remediar la infertilidad’ o ‘evitar la transmisión de una enfermedad al hijo’…”

“El lobby médico podrá argüir que el bebé-medicamento concierne todavía a parejas susceptibles de transmitir una grave patología. Pero ¿por qué se limitaría a esta situación si otras exigencias de trasplante parecen también justificadas? Sobre todo, ¿por qué el DPI debería seguir como una práctica artesanal y reservada si se llega a evitar las servidumbres de la fecundación in vitro y a producir embriones en abundancia que permitirían a todas las parejas controlar en origen la calidad genética de sus descendientes?”

“De hecho, ninguna resolución ética resiste a la argumentación médica. La ética es soluble en el tiempo (basta ver el interés decreciente de los debates parlamentarios), en el espacio (si los otros lo hacen, ¿por qué no nosotros?), y en la casuística (de la autorización ‘excepcional’ para un caso a su ampliación)”.

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