¿Cuándo comienza la vida humana?

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A favor de la experimentación con embriones humanos se argumenta que el producto de la fecundación, en los primeros días, no es más que una masa celular, no un individuo vivo. La Prof. Natalia López Moratalla, catedrática de Bioquímica en la Universidad de Navarra, hace algunas precisiones al respecto (Alfa y Omega, Madrid, 2 mayo 2002).

¿Cuándo se reconoce la existencia de un nuevo individuo de nuestra especie? La respuesta (…) es crucial en un debate acerca de la condición tanto del embrión humano engendrado, fecundado in vitro, crioconservado durante un tiempo en las clínicas de fecundación asistida, producido por clonación, etc., como de la protección que merece.

La cuestión que se plantea en estos debates es doble y ambas partes están íntimamente relacionadas. Una es la configuración de la materia de la que se puede afirmar el carácter de individuo de una determinada especie. O dicho de otro modo, ¿puede afirmarse que toda célula procedente de la fusión de gametos femeninos y masculinos (o por activación partenogenética de un óvulo o por transferencia de un núcleo somático a un óvulo) es un cigoto?; y, por tanto, al conjunto de células que se deriven de ella, ¿se puede considerar, siempre y propiamente, un embrión?

La respuesta no es simple. En principio, y atendiendo sólo a las características morfológicas, de un conjunto de células con fenotipo embrionario, y que están creciendo en un medio adecuado, se podría afirmar tanto que son células humanas vivas en multiplicación, como que son un embrión precoz (o temprano, en fase previa a la implantación). (…) Se requiere un criterio biológico nítido, que no deje lugar a dudas acerca de la diferencia real entre materia viva y viviente individual.

La segunda cuestión que se plantea es si hay diferencia de realidad entre un embrión de pocos días que se desarrolla en el seno materno, y un embrión almacenado en unas condiciones concretas en el laboratorio, producido para reproducción artificial y sobrante, o producido para ser usado para investigación con fines terapéuticos. Es decir, si un embrión sin proyecto parental, sin posibilidad de ser gestado, tiene el mismo carácter que el embrión en gestación, que se prepara a anidar en el útero materno.

Ciertamente el proceso de desarrollo es continuo, con etapas que se suceden en el tiempo y en el espacio (en las diversas zonas del organismo en formación); y además, y de forma gradual, van emergiendo en momentos precisos propiedades nuevas, cualitativamente diferentes a las existentes en un momento anterior. Pues bien, como es propio de lo vivo, el todo unitario, el organismo, no es igual, sino que es más, que la suma de las partes. (…) Y ese avance continuado hacia una progresiva complejidad cada vez mayor requiere el medio intracelular, el medio que suponen las otras células del mismo organismo y el medio materno en que se desarrolla la vida intra-uterina. Esto significa que la viabilidad real de un embrión precoz es plenamente dependiente de las circunstancias, de las condiciones del medio, en que se le sitúa.

La mayor parte de las argumentaciones en la línea de negar a la realidad embrión la condición de individuo, de hombre, reduciéndolo a la condición de simple vida humana embrionaria se basa en la cuestión de la escasa viabilidad de la vida en las primeras semanas. (…) Es necesario establecer con rigor las bases genéticas moleculares y celulares que permitan definir si ha concluido una fecundación verdadera, y, por tanto, la realidad celular producida tiene las propiedades (el fenotipo) propias de un cigoto hombre, y que es por tanto capaz de comenzar el desarrollo embrionario. Cuando esto ocurre, ha comenzado realmente la vida de un ser humano; y si no continuara y muriera pronto, es propiamente un embrión vivo, pero inviable. Tal inviabilidad puede ser per se (porque tenga defectos genéticos o de los componentes intracelulares), o puede ser por falta de las condiciones del medio extraembrionario (materno o del laboratorio) necesarias para su supervivencia. Si fue realmente un individuo humano de pocos días han ocurrido dos cosas muy diferentes: en el primer caso, que ha muerto de forma natural; en el otro, que se le ha dejado morir, al ponerle en unas condiciones en las que no le era posible vivir.

Ahora bien, no toda célula producto de la fusión de los gametos (o por transferencia de núcleos somáticos a óvulos, etc.) alcanza el fenotipo de cigoto y, por tanto, no ha sido un ser humano, no ha existido, aunque esa célula se multiplique y el conjunto se organice en estructuras embrioides, es decir con morfología similar al embrión de pocos días. Por el contrario, un cigoto real, que comienza un desarrollo verdadero, es un embrión humano; y si ha sido engendrado, o producido, lo es con independencia del destino que otros hombres le deparen.

(…) El material genético, el DNA, es necesario. Pero el DNA no es todo. (…) El proceso está recibiendo continuamente nuevos datos, sin los cuales la vida no puede continuar. Los organismos vivos tienen historia -guardan memoria de situaciones por las que han pasado previamente-, y por ello su proceso vital no viene definido exclusivamente por los genes. (…) Hay un segundo nivel de información que no está sin más en el DNA, sino que es un programa, que permite la regulación o coordinación de la emisión en cada célula armonizando toda la información. Esta información es la emergente: es el programa de desarrollo que se emite etapa a etapa; programa que no está previamente en el genoma. Que el programa comience a emitirse es una propiedad que emerge del proceso temporal de la fecundación de los gametos. Ése es el comienzo de la vida de un nuevo individuo.

(…) ¿Puede la ciencia biológica actual precisar cuándo y cómo empieza a emitirse un mensaje genético? (…) La respuesta es que sí. Los datos, en su mayoría muy recientes, permiten distinguir la simple presencia de una dotación genética completa en la célula óvulo del proceso de preparación y armonización de todos los componentes celulares (y no sólo de los cromosomas) para que empiece a vivir un nuevo individuo; esto es, para que comience la emisión del mensaje que le constituye y le pertenece.

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