Crecen las dudas sobre la vacuna contra el virus del papiloma

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Duración lectura: 1m. 58s.

La vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH), una de las causas del cáncer del cuello de útero, está siendo financiada por gobiernos e introducida en los programas de vacunación oficiales en EE.UU. y en Europa. En la Comunidad de Madrid ha empezado este septiembre la vacunación de unas 30.000 chicas de 14 años. Sin embargo, entre la profesión médica crecen las dudas sobre la eficacia y la necesidad de esta cara vacuna, que ha sido hábilmente promovida por los laboratorios (cfr. Aceprensa 109/07)

Un editorial del New England Journal of Medicine (NEJM) dice que aún siguen sin respuesta muchas cuestiones en torno a estas vacunas (Gardasil y Cervarix), por lo que “hay muchas razones para ser prudentes”. La doctora noruega Charlotte Haug indica que las vacunas se han estudiado en ensayos clínicos durante seis años y medio, un periodo relativamente corto. Nadie sabe cuánto dura la inmunidad y la teoría de que las vacunas reducirán la incidencia del cáncer de cuello de útero aún está por demostrar.

Un segundo artículo en el NEJM, escrito por Jane J. Kim y Sue Goldie, de Harvard, expresa sus dudas acerca de la efectividad coste-beneficio de las vacunas. Gardasil cuesta 360 dólares por tres dosis, y en EE.UU. el coste total es de 400 a 1.000 dólares. En EE.UU. el gobierno tendrá que pagar más de 1.000 millones de dólares para hacer accesible el Gardasil a las niñas pobres de menos de 18 años. Los autores dicen que esa suma solo sería rentable si protegiera a las chicas durante toda su vida, y si los actuales métodos de prevención del cáncer cervical (frotis) comienzan a costar menos.

Al mismo tiempo, un largo artículo publicado en el New York Times (19-08-06) muestra que los expertos critican los métodos de presión comercial utilizados por los laboratorios para presentar como indispensables estas vacunas. Dicen que “a causa de este marketing agresivo, incluso los padres de chicas que no son sexualmente activas pueden sentirse presionados a comprar una vacuna que no es necesaria todavía y cuyo efecto a largo plazo es todavía poco claro. Los esfuerzos legislativos para hacer obligatoria la vacuna añaden aún más presión”, dice el diario.

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