Ciencia de acceso libre

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

La libre difusión de hallazgos científicos ha recibido dos importantes impulsos a principios de este febrero. El día 3, los National Institutes of Health (NIH), de EE.UU., anunciaron un cambio de política, para que las investigaciones financiadas por el organismo se coloquen gratis en Internet. Una semana después se publicó la invención de un nuevo método para obtener plantas transgénicas que, a diferencia del usado hasta ahora, cualquiera podrá emplear sin pagar “royalties”.

Los NIH son los mayores patrocinadores de investigaciones médicas en el mundo. Las ayudas que da este organismo público (30.000 millones de dólares anuales) resultan en la publicación de unos 60.000 estudios al año, el 11% del total mundial en materia de medicina. Ahora quiere que los trabajos que financia sean de dominio público. A partir de mayo próximo pedirá a los autores que los cedan para ponerlos gratis en Internet al cabo de un año, como máximo, desde la publicación en las revistas. Los NIH dedicarán de 2 a 4 millones de dólares anuales a mantener el futuro archivo gratuito.

La cesión será voluntaria, pero es probable que muchos investigadores accedan a complacer a tan generoso patrocinador. En tal caso, también cabe esperar que las revistas científicas acepten la condición, pues podrían perder buena parte de los mejores trabajos.

La idea original de los NIH era que el plazo entre la publicación en las revistas y el paso al archivo gratuito no pasara de seis meses. Pero, al parecer, el organismo ha cedido a las presiones de las publicaciones comerciales y de las sociedades científicas que se financian con sus revistas propias.

La decisión de los NIH refuerza la posición de otras instituciones favorables al libre acceso a la ciencia, como la Wellcome Trust, cuyas ayudas a la investigación se traducen en la publicación de unos 3.600 estudios al año. Esta fundación británica quiere hacer un archivo gratuito que recogería los trabajos financiados por ella a los seis meses de la publicación.

La libre disposición de los descubrimientos científicos es una causa defendida desde hace años por diversos investigadores y entidades. Alegan que, en la mayor parte de los casos, las investigaciones se realizan gracias a ayudas públicas o de entidades no comerciales, y por tanto, el acceso a los resultados debe ser gratuito. La realidad es que las instituciones científicas y educativas gastan fuertes sumas en suscripciones (más de 30 millones de dólares al año en el caso de la Universidad de California) para que su personal pueda acceder a trabajos que quizá se han desarrollado en sus propios laboratorios.

Por su parte, las revistas científicas hacen posible la difusión de las investigaciones, y cargan con el trabajo de revisarlas y editarlas. Otra cosa es que sus márgenes sean excesivos, como sostienen algunos, o que les bastaría con disfrutar de la exclusiva por un tiempo determinado. Además, Internet permite publicar trabajos con costes mucho menores, de modo que la difusión gratuita es factible.

Han surgido así distintas iniciativas para publicar ciencia gratis. Una de las primeras es arXiv (www.arxiv.org), iniciada en 1991, que se nutre de trabajos enviados por los propios autores; actualmente contiene más de 260.000 artículos. En 2003 apareció la Public Library of Science (www.plos.org), que edita dos revistas.

Un invento sin “royalties”

También a principios de febrero hubo otra buena noticia para la libre difusión de la ciencia. Pero en este caso se trata del acceso gratis no a un estudio publicado, sino a la cosa real. CAMBIA, un instituto australiano de investigación, ha inventado un nuevo método para obtener plantas transgénicas, y en vez de patentarlo, lo va a dejar de dominio público.

Para introducir genes selectos en una planta se usan bacterias del género “Agrobacterium”. Los distintos procedimientos para lograrlo están patentados, en su mayoría por la empresa Monsanto. De modo que si uno quiere crear vegetales transgénicos, ha de pagar derechos al propietario de la patente.

Los científicos de CAMBIA han descubierto otras bacterias que, convenientemente modificadas, pueden utilizarse para insertar genes en plantas. Esas bacterias son de tres géneros distintos del “Agrobacterium”, por lo que el nuevo método no cae bajo las patentes actuales. Los derechos son del proyecto TransBacter, desarrollado por CAMBIA con patrocinio de la Fundación Rockefeller y otras entidades.

TransBacter otorgará licencias para usar el invento siguiendo el modelo del “software” llamado “open-source”, del que el ejemplo más conocido es el sistema operativo Linux. Cualquiera podrá explotar el método, sin pagar nada, a condición de que publique y permita usar también gratis las mejoras que consiga.

De momento, la eficacia del nuevo procedimiento es muy inferior a la del patentado: tiene una tasa de éxito del 9% al 36%, según la bacteria empleada, frente al 95-100% que se consigue con “Agrobacterium”. Pero el método se irá perfeccionando con la contribución de muchos, gracias a la libre difusión, como sucede con Linux.

Los resultados de la investigación se han publicado el 10 de febrero en la revista “Nature”, que exige pago para leerlo. Pero el artículo está también disponible, sin cargo, junto con documentación complementaria e información sobre cómo obtener licencias, en www.bioforge.net, sitio dedicado al intercambio de conocimientos científicos.

newsletter
cabecera_aceprensa

Reciba semanalmente por correo electrónico nuestros titulares