Benedicto XVI pide que se reconozca la objeción de conciencia de los farmacéuticos

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Duración lectura: 1m. 51s.

En un discurso dirigido al Congreso Internacional de Farmacéuticos Católicos, Benedicto XVI ha afirmado que “la objeción de conciencia es un derecho que debe ser reconocido a vuestra profesión, para que no tengáis que colaborar, directa o indirectamente, en el suministro de productos que tienen por objetivo opciones claramente inmorales, como por ejemplo, el aborto y la eutanasia”.

El Papa ha subrayado que el farmacéutico no es un simple dispensador de medicinas. Los farmacéuticos, “como intermediarios entre el médico y el paciente; tienen además un papel educativo ante los pacientes en el uso adecuado de los medicamentos y sobre todo a la hora de informar sobre las implicaciones éticas de la utilización de ciertos medicamentos.”.

En este campo, añadió, “no es posible anestesiar las conciencias, por ejemplo, ante los efectos de moléculas que tienen por objetivo evitar la anidación de un embrión o abreviar la vida de una persona.” Aunque no la mencionó, la llamada “píldora del día después” es una de las que tienen ese efecto anti-implantatorio del embrión.

En el discurso también hizo hincapié en el respeto a la dignidad de la persona en la experimentación: “Ninguna persona puede ser utilizada, de manera irresponsable, como objeto para realizar experimentos terapéuticos; éstos tienen que desarrollarse según los protocolos que respetan las normas éticas fundamentales. Todo tratamiento o experimento tiene que tener por perspectiva mejorar el bienestar de la persona, y no sólo la búsqueda de avances científicos.”

Benedicto XVI advirtió que todas las estructuras farmacéuticas, desde los laboratorios hasta los hospitales y las oficinas de farmacia, deben preocuparse de “la solidaridad en el campo terapéutico, para permitir el acceso a los tratamientos y a los medicamentos de primera necesidad a todas las capas de la población y en todos los países, en particular, a las personas más pobres”.

El Papa pidió a los farmacéuticos “ayudar a los jóvenes que entran en las diferentes profesiones farmacéuticas a reflexionar en las implicaciones éticas cada vez más delicadas de sus actividades y decisiones”, sin limitarse a una formación técnica.