Benedicto XVI: acompañar al enfermo terminal, un deber de solidaridad

El Papa recibió el lunes 25 de febrero a los cerca de 400 participantes en un Congreso sobre enfermedades terminales organizado en el Vaticano por la Pontificia Academia por la Vida. Un Congreso que, en palabras del presidente de la Academia, mons. Elio Sgreccia, quiere ser una nueva reflexión motivada “ante todo, porque existe una fuerte presión para su legalización, que se vale de campañas mediáticas, de encuestas a médicos o a la población, más o menos directas”.

En su intervención, el Papa dijo que “La sociedad entera y en particular los sectores relacionados con la ciencia médica deben expresar la solidaridad del amor, la salvaguardia y el respeto de la vida humana en todos los momentos de su desarrollo terreno, sobre todo cuando la persona padece una enfermedad o se encuentra en su fase terminal”.

Frente a las situaciones difíciles de la enfermedad grave y el dolor, que parecen ”impulsar a la eutanasia si se observan desde una perspectiva utilitarista de la persona”, el Papa sostuvo una “firme y constante condena de toda forma de eutanasia directa”. Benedicto XVI manifestó su convicción de que “un mayor respeto de la vida humana individual pasa inevitablemente a través de la solidaridad con todos y cada uno”. Lograr este objetivo constituye, según el Papa, “uno de los retos más urgentes de nuestro tiempo”. Por esto, “la sociedad a través de sus instituciones sanitarias y civiles está llamada a respetar la vida y la dignidad del enfermo grave y del moribundo”. Para el Papa “una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana”.

El Congreso celebrado en Roma tenía como título “Junto al enfermo incurable y al moribundo: orientaciones éticas y operativas”. En su exposición, el Papa no eludió dar orientaciones precisas sobre la actuación médica y animó a los participantes a “asegurar a toda persona que lo necesite el apoyo necesario por medio de las terapias e intervenciones médicas adecuadas, administradas según los criterios de la proporcionalidad médica, siempre teniendo en cuenta el deber moral de suministrar (por parte del médico) y de acoger (por parte del paciente) aquellos medios de preservación de la vida que, en la situación concreta, resulten ‘ordinarios’”. En lo relativo a las terapias “de elevado riesgo o que puedan ser prudentemente juzgadas como ‘extraordinarias’”, el Papa explicó que “el criterio a seguir es el de considerarlos moralmente lícitos, pero facultativos”.

También se refirió el Santo Padre al cuidado que merecen las familias de los enfermos: “es necesario asegurar siempre a cada persona los cuidados necesarios y debidos, además del apoyo a las familias más probadas por la enfermedad de uno de sus miembros, sobre todo si es grave o se prolonga”. El Papa expresó su cercanía a las familias de los enfermos, pues en otro momento afirmó que “la sociedad debe asegurar el debido apoyo a las familias que quieren atender en casa, durante largos períodos, a enfermos afligidos por patologías degenerativas (tumorales o neurodegenerativas, etc.) o necesitados de una asistencia particularmente comprometedora”.

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