Acuerdo internacional para buscar alternativas a los diez principales pesticidas

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Duración lectura: 3m. 28s.

En la protección del medio ambiente, las preocupaciones de los países ricos chocan más de una vez con las prioridades de los países pobres. Esta confrontación ha vuelto a plantearse a propósito de las negociaciones que han tenido lugar en Ginebra para eliminar pesticidas contaminantes, entre ellos el DDT. Más de cuatrocientos especialistas en la lucha contra la malaria han firmado una declaración en la que defienden la necesidad de seguir usando por ahora este insecticida, que, a su juicio, es una arma esencial contra esta enfermedad parasitaria transmitida por el mosquito anopheles.

Las negociaciones, organizadas por el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, preparan las bases de un tratado previsto para el 2001 sobre la eliminación de los contaminantes orgánicos persistentes, entre ellos el DDT. Las organizaciones ecologistas presionaban a los negociadores para que pusieran un plazo concreto de eliminación del DDT, a causa de sus efectos perjudiciales sobre el medio ambiente.

Finalmente, los expertos de 110 países participantes en la reunión de Ginebra acordaron un compromiso para eliminar ocho de los doce productos más nocivos. También se acordó buscar alternativas a los diez principales pesticidas, entre ellos el DDT.

Nadie niega los efectos perjudiciales del DDT sobre el medio ambiente. Pero los firmantes de la declaración en favor de su uso afirmaban que la prohibición no ofrece soluciones a los países pobres, que son los que sufren la malaria. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), de 300 a 500 millones de personas contraen cada año la malaria, el 90% en el África subsahariana. La mortalidad se estima en más de un millón de muertes al año, sobre todo niños menores de cinco años, especialmente en las zonas rurales.

Habida cuenta de la escasez de medios de estos países, los firmantes de la declaración advierten que sería imprudente prohibir ahora un pesticida barato y eficaz como el DDT, que “es un instrumento esencial en la lucha contra el paludismo”. “Aunque estamos de acuerdo en que habrá que llegar a eliminar el DDT por sus efectos sobre el medio ambiente, pensamos que no hay que precipitar las cosas poniendo en peligro vidas humanas. (…) Habría que encontrar recursos alternativos al DDT y esto exigirá medios científicos y técnicos considerables, que faltan en los países en vías de desarrollo, pero que los países occidentales pueden poner en práctica”. Por eso piden a los países africanos que rechacen todo intento de prohibir el DDT para una fecha concreta, “mientras no tengan la garantía absoluta de los recursos para desarrollar e implantar soluciones sustitutivas”. Así se ha acordado finalmente al término de las negociaciones.

Los autores de la declaración admiten los argumentos ecologistas sobre la nocividad del DDT, si bien hacen notar que en gran parte se debe al uso excesivo en la agricultura en los años 50 y 60. En cambio, son muy críticos con el World Wildlife Fund, al que acusan de engañar al hablar de los riesgos cancerígenos del DDT.

En la prevención de la malaria, la OMS promueve sobre todo el uso de mosquiteras impregnadas de insecticida, en vez de la fumigación general de campos o casas, que es más cara y más perjudicial para el medio ambiente. Carlos Morel, investigador jefe de enfermedades tropicales de la OMS, declaraba recientemente a El País (27-VIII-99): “La fabricación y el uso de mosquiteras en países con malaria endémica es uno de nuestros éxitos. Por unas 200 pesetas -porque si no cobras algo, la gente no lo valora-, una persona puede tener ya una mosquitera rociada con insecticidas mucho más sanos que el DDT. Pero el auténtico trabajo es lograr que la gente la use”. Según programas realizados en varios países africanos, el 30% de la mortalidad infantil por malaria puede evitarse si los niños duermen bajo mosquiteras impregnadas de insecticidas como pyrethroids, derivado de una sustancia natural que se encuentra en los crisantemos.