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II Congreso Internacional Familia y Sociedad

Para que la familia asegure el capital social


Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) sobre la composición de los hogares en España invitan a reflexionar. Los españoles son más educados: el número de personas con estudios de tercer grado ha aumentado casi tres millones en los diez últimos años y alcanza casi 7,5 millones, pero también están más endeudados, y por lo tanto son más pobres. Casi seis millones de viviendas principales –una de cada tres– tienen pagos pendientes (hipotecas...), prácticamente el doble que en el censo anterior, aunque el número de viviendas en alquiler ha crecido un 51,1% en la última década.


Por otra parte, un informe de la Fundación La Caixa1 pone énfasis en la tendencia consolidada al hijo único en España, algo de por sí revelador. La crisis económica y el paro ponen el dedo en una llaga social más profunda.

El difícil acceso a una vivienda digna y la escasez de políticas familiares no contribuyen a que este panorama mejore. El Censo de Población y Vivienda2 elaborado cada diez años por el INE detalla la estructura de los hogares: aumentan las personas que viven solas; el tamaño medio de los hogares se ha reducido a 2,58 personas en 2011, muy lejos de las 3,82 personas de 1970.

Los hogares unipersonales y las parejas sin hijos son las estructuras que más aumentan respecto al censo anterior, de 2001.

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Diversos expertos reconocen que para el Estado esta situación no es económicamente sostenible. De hecho, uno de los mayores problemas de los ayuntamientos es la atención de las personas que viven solas. ¿Está en condiciones el ya declinante Estado del bienestar de asumir las consecuencias de estas decisiones? ¿Debemos diseñar un mundo de viviendas sociales con servicios compartidos porque nadie cuida a nadie? ¿Debe ser el Estado el que asuma esa responsabilidad?

La UE se ha decantado por impulsar la solidaridad intergeneracional: fortalecer las redes de la familia extensa, dar estatus al cuidado como función social

Solidaridad intergeneracional
Por este motivo, y de modo compatible con otras directrices sobre conciliación trabajo y familia que buscaban el fomento de la incorporación femenina al mundo laboral, la UE se ha decantado desde el pasado año por impulsar la solidaridad intergeneracional: en otras palabras, fortalecer las redes de la familia extensa, dar estatus al cuidado como función social.

La familia nuclear –padre, madre e hijos–, y también la extensa –tíos, abuelos–, necesita un reconocimiento y respaldo claro, pues de su existencia y gratuidad en las transferencias dependen muchas cosas en el futuro: la primera de ellas, el cuidado de niños y mayores; la segunda, la sostenibilidad económica subsidiaria de cada individuo, que no depende solo de papá Estado; la tercera, la salud física y mental del menor.

Por otra parte, en el ámbito laboral se observa que el número de personas que trabajan en su propio domicilio se triplica respecto a 2001.

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Por ello, y dada la profunda interrelación entre todos estos factores (economía, natalidad, modos de vida, estructura de los hogares y pautas de convivencia, tendencias del mercado de trabajo, incorporación de la mujer al mercado laboral y necesidad de una mayor implicación del varón) podemos concluir que más que el empleo y la pobreza en sí misma, Europa debe afrontar un reto fundamental: fortalecer la familia como base del futuro de la sociedad.

Desarrollo sostenible
La familia asegura la “cantidad” y la “calidad” de los ciudadanos: en definitiva, el capital social depende de ella. Con este objetivo y siguiendo los Objetivos de Desarrollo para el Milenio propuestos por la ONU y la Estrategia de Desarrollo para Europa de la Comisión Europea, y en conmemoración del 20 aniversario del Año Internacional de la Familia promulgado por la ONU en 1994, el Instituto de Estudios Superiores de la Familia5 (IESF) de la Universitat Internacional de Catalunya ha organizado el II Congreso Internacional Familia y Sociedad6, sobre “Familia y desarrollo sostenible”. El evento tendrá lugar los próximos días 24 y 25 de septiembre en Barcelona.

El congreso cuenta ya con 80 comunicaciones de participantes de 26 países distintos, incluidos Australia, Canadá, China (Hong Kong), Francia, Guatemala, Macedonia, Portugal, Rumanía, Sudáfrica, Turquía. Los participantes inscritos se acercan a los 150, provenientes de naciones como Alemania, Argentina, Chile, Colombia, Estados Unidos, Gran Bretaña, Italia, México, Nigeria, Perú, Polonia, Tailandia, Tanzania, Uganda.

La familia como tema transversal está presente en los distintos ejes temáticos del congreso que giran en torno a políticas sociales, la economía, la salud y la educación. Entre los ponentes están académicos destacados como James Arthur (catedrático de Educación y decano de la Facultad de Educación de la Universidad de Birmingham), Andrea Maccarini (profesor de Sociología en la Universidad de Padua), Bradford Wilcox (director del National Marriage Project y profesor asociado en la Universidad de Virginia), Stefano Zamagni (profesor de la Universidad de Bolonia), y también agentes sociales como Stuart Duffin, director de Policy and Programmes de One Family (Irlanda).

De la familia dependen el cuidado de niños y mayores; la segunda, la sostenibilidad económica subsidiaria de cada individuo y la salud física y mental del menor

Objetivos
Además del programa académico, los expertos abordarán cuestiones que, a nivel político y empresarial, se acordaron programáticamente ya en el año 2005 por la UE: el desarrollo de las medidas necesarias para el cuidado de la tercera edad y de personas enfermas o discapacitadas; la promoción de la flexibilidad horaria en los entornos laborales en función de las necesidades familiares, y finalmente el acceso a unos servicios públicos más compatibles con los horarios de trabajo.

Las recomendaciones para los gobiernos de Europa en esta materia iban dirigidas a diversos aspectos:

En el contexto actual de pobreza es urgente reabrir el debate, ver qué aspectos debemos reajustar de esta programática “carta a los reyes”, qué cosas son factibles y cuáles no y sobre todo cómo cabe preservar la familia de un modo prioritario, por encima de empresas, Estados y demás instituciones, ya que de ella dependen como en una espesa trama, la urdimbre de todo lo demás, incluida la propia economía.

Consuelo León Llorente
Directora del Observatorio de Políticas Familiares (IESF)
Universitat Internacional de Catalunya (UIC)