Machismo en casa de progres

Página 1

Si algún sector ha levantado una barricada en EE.UU. contra el conservadurismo y contra Donald Trump, al tiempo que enarbolado las banderas de la diversidad y el respeto a las minorías, ese es el de las grandes empresas tecnológicas de Silicon Valley.

Pioneros de causas tan progresistas, los ejecutivos de más de un centenar de estas compañías firmaron en el verano pasado una carta abierta contra el entonces candidato republicano para hacer saber su apuesta en “un país inclusivo, que fomenta las oportunidades, la creatividad y la igualdad de condiciones”, algo “que Trump no comparte”. El texto le reprochaba que fuera hostil a la inmigración, que tuviera prejuicios raciales y que insultara repetidamente a las mujeres.

El 9 de noviembre siguiente, uno de los firmantes, Dave McLure, cofundador de la firma de inversiones 500 Startups, expresó su disgusto por la elección de Trump en un acto público donde, entre otras cosas, exhortó a la audiencia a luchar para evitar que se pierdan sus derechos: “Es nuestro deber y nuestra responsabilidad como emprendedores y como ciudadanos de este j… mundo, asegurar que eso no ocurra”.

El 60% de las mujeres que laboran en las empresas de Silicon Valley refirieron haber recibido insinuaciones sexuales por parte de sus superiores, más de una vez en dos tercios de los casos

McLure ha vuelto a ser noticia hace poco, pero no por su cruzada en pro de los derechos de nadie, sino por las denuncias de mujeres que le acusan de propasarse con ellas, según narra el New York Times. El propio McLure reconoció los hechos, renunció a su puesto al frente de la empresa y escribió: “Mi comportamiento fue inexcusable e incorrecto. (…) Soy un depravado, lo siento”.

También otro firmante, exdirectivo de Google, fue acusado de comportamiento impropio por una mujer. Resulta que, en ese entorno de gente cool y progressive que es Silicon Valley, estos casos no son tan excepcionales.

Mujeres marginadas

Una investigación publicada a principios de 2016 por un grupo de siete empresarias y trabajadoras de compañías de Silicon Valley, revela las dimensiones del problema. Titulada The Elephant in the Valley, se basa en una encuesta efectuada en la primavera de 2015 a 210 mujeres que trabajaban allí, bien en puestos directivos o subalternos, bien como emprendedoras del sector tecnológico o como especialistas en técnicas de mercado. Se les preguntó sobre inclusión, promoción profesional, prejuicios, familia y maternidad, y sobre el problema del acoso.

El 60% de las entrevistadas refirieron haber recibido insinuaciones sexuales por parte de sus superiores, y más de una vez en dos tercios de los casos. Asimismo, una de cada tres dijo haber temido por su seguridad a causa de circunstancias relacionadas con su trabajo.

Entre los testimonios recogidos por las investigadoras y reflejados anónimamente en la web del proyecto, figura el siguiente: “Después de que un colega me hiciera una insinuación muy, pero que muy indeseable, no me quejé a nadie, pero me aseguré de no quedarme jamás a solas con él. Fue un error no haber informado el incidente. Este colega, más tarde, me criticó por ‘no trabajar las horas suficientes’. Si me hubiera quejado antes, su maliciosa bofetada hubiera sido puesta en contexto. Pero no supe a quién o cómo decirlo”.

El 60% de las mujeres que laboran en las empresas de Silicon Valley refirieron haber recibido insinuaciones sexuales por parte de sus superiores, más de una vez en dos tercios de los casos

Rastreando el problema en otros sitios web se pueden encontrar historias que muestran que el acoso está extendido en el mundo de las techies. Como el relato de la ingeniera Susan J. Fowler, cuyo testimonio sobre la permisividad que mostraba Uber hacia empleados que no dejaban en paz a mujeres de la compañía propició una investigación que derivó en la renuncia, en junio pasado, de Travis Kalanick, el director ejecutivo.

Falta igualdad en el Valle

Además del acoso, la discriminación laboral es motivo de queja por parte de muchas mujeres en Silicon Valley. En mayo de 2016, la Comisión por la Igualdad de Oportunidades en el Empleo (EEOC), del gobierno de EE.UU., publicó un informe con datos de 2014 en el que subrayaba que las tecnológicas todavía empleaban a muy pocas mujeres y miembros de minorías. La representatividad femenina apenas alcanzaba el 36%. Y en los puestos de dirección, estaba en el 20%.

Por otra parte, según el estudio, un 67% de las trabajadoras manifestaron tener que demostrar más habilidades profesionales que las que se exigían a los hombres en puestos similares, y un 72% dijeron percibir prejuicios en la manera en que se evaluaba su trabajo.

La situación no ha mejorado mucho después, al parecer. En un sondeo de HiringSolved a las 25 empresas top de Silicon Valley (una muestra menor que la de la EEOC, pero con datos de finales de 2016), se advierte que la que alcanza mayor integración laboral femenina es Google, con el 33%, seguida de Netflix (27%) e Intuit (26,7%).

En cuanto a presencia de mujeres en puestos de alto nivel, Cisco tiene un 43% y Salesforce un 37%. Facebook no está en el podio: tiene apenas un 20%. Bastante más abajo, están Netflix, con un 11%, y Tesla, a cuya sala de mando no entra a día de hoy ni una sola mujer.

Precisamente para tratar de sacudir un poco este árbol, la Escuela de Negocios de la Universidad de Stanford ha preparado un curso de diez semanas, dirigido a las startups del ramo. Según el Wall Street Journal, el objetivo sería identificar y aprender a evitar los prejuicios que se arrastran en las empresas y que propician la exclusión, lo que afecta la permanencia de las mujeres o de representantes de minorías. Los estudiantes someterán a examen los planes que tienen algunas compañías para promover la diversidad en sus filas, entre ellos sus políticas de promoción laboral y el entrenamiento a sus directivos para que minimicen sus prejuicios a la hora de considerar candidatos para las plazas vacantes.

Mientras tanto, algunos líderes de Silicon Valley podrían moderar sus declaraciones y dejar de exhibir esa pretendida superioridad moral que les sirve lo mismo para ir de defensores de la “igualdad de género” que de guardallaves de los baños escolares.


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