Con el plebiscito de los niños de ayer y de hoy

La fama de Enid Blyton pervive en su centenario

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Con el plebiscito de los niños de ayer y de hoy

La narradora británica Enid Blyton (1897-1968), que ha vendido millones de ejemplares de sus libros de aventuras, está considerada, con toda justicia, una de las grandes figuras de la literatura infantil y juvenil del siglo XX. Al cumplirse en 1997 el centenario de su nacimiento, editores, libreros y lectores de todo el mundo, en especial europeos, han organizado diversos actos de homenaje. Es una oportunidad para conocer más a fondo los motivos de un fenómeno literario que, iniciado en los años veinte, se mantiene todavía vivo, cuando estamos a punto de cambiar de siglo.

Enid Blyton nació el año 1897 en East Dulwich, localidad situada al sur de Londres, dentro de una familia de clase media-alta británica. De acuerdo con su posición, se educó en una escuela femenina del condado de Kent, donde fue instruida en los valores tradicionales de una sociedad influida todavía por la cultura victoriana.

Aquellos tiempos colegiales debieron de ser tan estimulantes y alegres para ella que años más tarde los reproduce en sus novelas, sobre todo en las series situadas en los internados femeninos de Torres de Malory y Santa Clara.

En 1924, fecha en que publica sus primeros relatos, y después de haber ejercido durante años la profesión de maestra, se casa con Hugh Pollock, apellido que utilizará en algunas de sus novelas, firmadas con el nombre de Mary Pollock. Transcurridos 18 años de matrimonio, del cual tuvo dos hijas, se divorcia para contraer nuevas nupcias en 1943 con el afamado cirujano londinense K. L. Waters. Dedicada por entero a su actividad literaria, continuó publicando nuevas series de aventuras hasta su muerte en 1968.

Nuevas generaciones de lectores

El paso de los años no ha logrado que el nombre de la escritora británica sea olvidado. Sus libros se han seguido reeditando después de su muerte, y las nuevas generaciones de público infantil mantienen su entusiasmo hacia las aventuras creadas por Enid Blyton. Buena prueba de ello es que en las Navidades de 1996, cuando ya se anunciaban las celebraciones de su centenario para 1997, aparecía, como reclamo publicitario, la firma autógrafa de Enid Blyton reproducida en un luminoso fluorescente elevado sobre los transeúntes londinenses que paseaban por Regent Street.

Los actos en memoria de Enid Blyton que se han venido celebrando a lo largo de 1997 no deben ser considerados tan sólo bajo el aspecto del interés comercial. Los editores, y el público, quieren también rendir homenaje a una escritora que supo alegrar la infancia de muchos niños europeos víctimas de las secuelas de la Primera Guerra Mundial. Enid Blyton, apenas salida de la adolescencia, hubo de soportar el clima de tensión familiar de aquellos años y vivir muy de cerca el dolor de tantos niños y niñas que perdieron a padres y hermanos durante el conflicto. Con sus relatos no sólo consiguió devolver la sonrisa a miles de niños ingleses. Pronto su fama, extendida a todo el continente, se prolongaba en las nuevas generaciones de lectores que, sin haber conocido la guerra, seguían con entusiasmo las antiguas y nuevas aventuras creadas por la imaginación de Enid Blyton.

En el año de su centenario, su fama pervive, como lo demuestran las campañas lanzadas por los editores para mantener al día sus colecciones y difundirlas entre el público infantil. Unos lectores fin de siglo que, aunque no tienen mucho que ver con los niños europeos de entreguerras, continúan fieles a sus libros.

Escribir para niños y jóvenes

El fenómeno literario Enid Blyton debe encuadrarse dentro de otro fenómeno, característico de nuestro siglo XX, que ha sido el extraordinario auge alcanzado por la literatura infantil y juvenil.

En el período que va desde comienzo del siglo hasta la Primera Guerra Mundial, varios autores y títulos alcanzan fama y difusión, destacando sobre todo la narradora sueca Selma Lagerlöff con su Maravilloso Viaje de Nils Holgersson y J. M. Barrie, con Peter Pan y Wendy, hoy convertidos en clásicos de la literatura infantil.

El fin de la Primera Guerra Mundial abre nuevos caminos a los escritores -más bien escritoras- de literatura infantil. En la revista inglesa Home se publicarán, a partir de 1919, los primeros cuentos del aventurero y pícaro Guillermo Brown, en los que la genial narradora Richmal Crompton trazará la figura del niño poco ejemplar, desde el punto de vista de los mayores, pero fascinante para los pequeños.

Código de valores

En 1924, la publicación de los relatos de Enid Blyton va a marcar el auge definitivo de los libros infantiles/juveniles. Aparecen, con inesperado éxito, sus dos primeros títulos: The Enid Blyton Book of Fairies, seguido de The Zoo Book, comienzo de una trayectoria de casi cuarenta años, en los que la autora publicará cientos de títulos.

Entre las razones de este éxito, cuya continuidad y amplitud no tienen paralelo en la literatura infantil y juvenil, hay que considerar el acierto de Blyton al elegir los temas que gustan a su público y al lograr que los lectores se identifiquen con la historia narrada. Lo cual significa, indudablemente, que la autora es una excelente conocedora del modo de ser de los niños.

Enid Blyton crea unos determinados personajes y los sitúa en un ambiente bien delimitado, elementos que se repiten siempre, sin apenas variaciones. De ahí las series dentro de las cuales se suceden los distintos episodios. Los niños se familiarizan con los mismos héroes y los mismos ambientes, mientras se divierten con los cambios en las aventuras.

Las colegialas de los internados y los grupos de chicos y chicas que colaboran en la resolución de misterios y situaciones complicadas, crean un espíritu de camaradería contagiosa del que los niños participan, sintiéndose, más que lectores, protagonistas. Así, el mundo de Enid Blyton no les resulta algo ajeno o fantástico, sino real y accesible.

Los valores que rigen la conducta de los personajes están basados en la honradez, la verdad, la amistad, el esfuerzo generoso y la lealtad al grupo. Existe una clara distinción entre los que aceptan ese código de valores y se atienen a él, y los que prefieren seguir otras vías menos nobles. Esta distinción neta entre el bien y el mal es otro de los aspectos que gustan a los niños, partidarios de la claridad y enemigos de cualquier actitud relativista que tanto les recuerda el complicado mundo de los mayores.

Las razones del éxito

Los episodios, planteados con sencillez, se resuelven de modo satisfactorio y con una minuciosa descripción de los desenlaces, en los que no se omite nada sustancial, sin utilizar en ningún momento recursos truculentos o estridentes.

Por otra parte, los sentimientos de respeto hacia las plantas y bosques, junto al cariño a los animales que muestran los protagonistas de las distintas series, coinciden con la preocupación actual por fomentar en los niños el amor a la naturaleza.

La vida al aire libre, el valor personal ante las dificultades y el sentido de la justicia, aparecen como ideales que vale la pena fomentar. Dichas virtudes no se dividen entre chicas y chicos, sino que corresponden a comportamientos de las personas con independencia de sexo o edad. No obstante, Enid Blyton no se propone adoctrinar, sino divertir a sus lectores. De ahí que esos valores no se transmiten con tediosos discursos pedagógicos, sino que están encarnados por los distintos personajes como algo natural, que va unido al desarrollo argumental.

Sello conmemorativo del centenario

Es de suponer que este conocimiento del mundo de los niños le viene a Blyton de su experiencia como maestra. En sus aventuras, lo mismo que en sus clases, empieza por ganarse el interés de los niños, continúa divertiéndolos y acaba por lograr que la sigan hasta donde quiere llevarlos, pendientes de su pluma. El secreto del éxito de Enid Blyton es la carencia de artificio, la naturalidad y la claridad de sus relatos. Elementos que se oponen a los argumentos rebuscados que algunos autores inventan con el propósito de ser originales.

El rechazo de la crítica

Resulta curioso observar que los principales detractores de Enid Blyton han sido críticos de literatura infantil y juvenil. En su contra alegan falta de calidad literaria, escasa imaginación y monotonía de los argumentos que repiten los mismos esquemas. A los personajes les acusan de mostrar personalidades planas.

Con independencia del mayor o menor fundamento de tales críticas, es evidente que los niños y adolescentes tienen otra opinión, quizá porque buscan en la literatura valores distintos de los que interesan a los expertos.

Así, parece lo más sensato dejar a cada uno que seleccione a sus autores preferidos. En el caso de Enid Blyton, el año de su centenario ya viene marcado por el sí que sus millones de lectores en todo el mundo le dedican con el mismo entusiasmo de siempre.

Pilar de Cecilia

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