En EE.UU., los calmantes matan más que la heroína

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Las muertes por sobredosis de opioides sintéticos y analgésicos en EE.UU. se expanden a un ritmo mayor que el de las causadas por la heroína.

La “sólida” hipótesis de que, legalizadas las drogas, descendería el número de muertes por sobredosis y otros episodios “descontrolados”, se demuestra bastante incierta a la luz de las últimas estadísticas dadas a conocer por los Centers for Disease Control and Prevention, de EE.UU., acerca de la incidencia que están teniendo los opioides entre la población norteamericana. En 2014 murieron 47.055 personas a consecuencia de la drogadicción, unas 10.000 más que por accidentes de tránsito.

Las muertes por este concepto ha ido in crescendo desde 2000, año en que murieron más de 15.000 estadounidenses. De los 47.000 del año pasado, 28.647 (el 60%) se debieron a sobredosis de heroína, de opioides sintéticos y de fármacos opioides. Para calificar este fenómeno se ha hecho común decir “epidemia”. Pero si en los dos primeros casos se trata de la esperable consecuencia de la adicción a una droga ilícita, en el tercero hablamos de… medicamentos, sustancias legales, reguladas y sujetas a prescripción médica.

Es así que el opio y sus derivados, de triste memoria por el rastro que dejaron en los 80, están de vuelta y pisando fuerte en los estados de Virginia Occidental, Nuevo México, New Hampshire, Kentucky y Ohio. Y pueden hacerlo quizás por la mayor atención que prestan los cuerpos de seguridad al tráfico de cocaína, así como porque impera una actitud más “comprensiva” que la de años atrás hacia los adictos y sus males.

The Wall Street Journal precisa que, de hecho, las drogas son un temprano tema de campaña en la carrera hacia la Casa Blanca, y que los candidatos desean hacer notar su especial sensibilidad, de modo que todos tienen una historia que contar. La republicana Carly Fiorina narra que perdió a una hija por la adicción; su correligionario Ted Cruz, que vio morir a su hermano; Hillary Clinton, que un joven compañero de trabajo falleció en 2012 tras tomar uno de estos fármacos, etc.

Entre 2013 y 2014, murieron en EE.UU. 10.500 personas por heroína, y 12.500 por opiáceos legales, en forma de calmantes sujetos a prescripción médica

El asunto hoy se aborda, por supuesto, desde una óptica de compasión antes que de represión, tal vez porque el individuo con mayor riesgo de “caer” no es, en exclusiva, negro, con tendencia a la violencia y al delito, y residente en un suburbio innombrable, sino varón anglosajón de entre 18 y 25 años, familiarizado con los analgésicos opioides, y mayormente vecino de barrios de clase media; en fin, one of us!, por lo que se imponen otras formas.

De los fármacos a la heroína, y vuelta

Según el Informe Mundial sobre las Drogas 2015, de la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito (UNODC), en 2014 la producción mundial de opio alcanzó su nivel más alto en tres décadas (7.554 toneladas). Los consumidores de EE.UU. se abastecen fundamentalmente de la heroína que se produce en América del Sur y Centroamérica, así como, en menor proporción, de la que se fabrica en “El Dorado” de la droga: Afganistán.

Ahora bien, ¿cuál es la preferencia de los consumidores norteamericanos: la heroína o los fármacos? Al parecer, los segundos (OxyContin, Oxycodone, Vicodin, etc.) vienen a ser la etapa de “guardería” en la materia, mientras que el “colegio” sería la heroína, más dura, y lo que suelen hacer los drogodependientes es emigrar hacia esta variante, la más conocida del narcótico.

Un factor del cambio de modalidad de consumo puede ser, según la UNODC, la nueva formulación del OxyContin, ahora comercializado en un formato que hace más difícil triturarlo para obtener el polvo inyectable.

Pero también el alto precio de los fármacos y el relativamente bajo de la heroína les impulsaría a hacerlo. “¿Por qué voy a pagar un dólar por cada miligramo de OxyContin, cuando puedo obtener la misma cantidad de heroína por 10 céntimos?”, pregunta en The New York Times el doctor Jason Jerry, especialista en adicciones. Para los que se vuelven dependientes de esas sustancias, las dosis necesarias pueden obligarles a adquirir hasta 30 píldoras analgésicas, por lo que las cuentas salen mejor si se compra la droga directa.

El camino, sin embargo, puede ser de ida y vuelta, en dependencia de la disponibilidad o escasez de uno y otro en el mercado en un momento determinado, por lo que se suele decir que ambas variantes se han integrado.

Los analgésicos, a quienes los necesiten

El resultado, en todo caso, es fatal. Según los CDC, las muertes por sobredosis de heroína en 2014 fueron 10.574, mientras que los que fallecieron por la adicción a las drogas sintéticas a base de opio se quedaron en algo más de la mitad, 5.500. Ahora bien, las vidas perdidas a consecuencia de la heroína se incrementaron en un 26%, pero las atribuibles al mal uso de los sintéticos se duplicaron, por lo que se verifica una tendencia peligrosamente expansiva.

La mayor parte de las muertes por sobredosis de opio se deben, sin embargo, a los fármacos completamente legales: más de 12.500 en 2014. Es el resultado quizás de que las cantidades de analgésicos recetados se han cuadruplicado desde 1999. Para intentar ponerle coto a esta situación, los expertos de los CDC proponen que se brinde a los médicos todas las herramientas y la información posible para ayudarles a prescribir los medicamentos exclusivamente a los casos que los precisan.


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