Bicentenario de la autora de “Cumbres borrascosas”

Emily Brontë: el genio silencioso

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De las tres hermanas Brontë, se dice que Emily fue la verdaderamente genial. Las tres compartían la pasión por la literatura y la fantasía, y las tres eran jóvenes extrañas y poco adaptadas socialmente. Después de algunas breves aventuras en el ambiente laboral femenino de su época, Emily decide regresar a su casa y se convierte en el ama de llaves de su padre. El 30 de julio se cumple su bicentenario y es un buen momento para recordar a esta gran autora.

Las hermanas Brontë se han convertido en unos iconos de la literatura inglesa: por sus impresionantes novelas, por sus esfuerzos literarios en una sociedad en la que publicar libros era cosa de hombres y por ser tres hermanas literatas. Emily, además, tuvo un reconocido talento para los versos y es considerada por muchos la más grande de las Brontë. Tuvo una vida corta, y en su mayor parte la pasó recluida en su casa en Yorkshire. No soportaba estar lejos de su casa, especialmente de los paisajes, los páramos y la naturaleza silvestre de su comarca. Murió en 1848, a los 30 años, de tuberculosis.

Esto no le impidió, sin embargo, escribir una de las novelas más sorprendentes y emocionantes de la literatura universal: Cumbres borrascosas (Wuthering Heights). Bajo el seudónimo de Ellis Bell (a la vez que sus hermanas publicaban, también con seudónimos masculinos, sus propias novelas), dio a luz en 1847 su primera y única novela. Cumbres borrascosas presenta un tema gótico espeluznante. En ella se ponen de manifiesto todos los aspectos perturbadores de la interioridad de una persona.

Emily Brontë supo observar el mundo que la rodeaba, masculino y femenino, con magnífica objetividad y comprensión

¿Cómo fue posible que una joven alejada de todos los círculos literarios, en una casa parroquial en el campo, y dedicada a las tareas del hogar, fuera capaz de escribir prosa y versos tan superiores? La misma Virginia Woolf se sorprende y asegura que fue un “milagro”, y que debido a la exclusión femenina del momento, las Brontë tuvieron que confinar sus talentos a “hacer pudines y coser calcetines”. Woolf dice que esto demuestra que su escritura habría sido aún mejor “si hubieran tenido 300 libras al año”, pues así no se habrían tenido que alejar del mundo y la experiencia práctica.

Libertad para leer y escribir

Pero Woolf precisamente pierde de vista por qué Emily y sus hermanas son tan grandiosas. Sus desventajas económicas y sociales les dieron temas y una visión específica para explorar su situación en sus libros. Incluso cuando tuvieron breves (y fracasados) intentos de labrarse una profesión (Emily una vez dijo a sus alumnas que prefería el perro de la escuela a ellas), decidieron volver a la tranquilidad de su hogar. De hecho, son sus circunstancias precisas, con todas sus imperfecciones, las que dan a sus obras esa riqueza incomparable. Solo una mujer de su clase y de su tiempo: educada, de recursos modestos y probablemente destinada a la soltería, podría haber moldeado unos personajes así.

La vida que llevaban les dio la libertad necesaria para leer todo lo que podían, dedicar sus tardes a inventar historias e intrigas y a representar obras que solo ellas verían. Emily no fue una esclava de su sexo ni de su tiempo: supo sacar lo mejor de sus circunstancias y plasmarlo en sus obras, obras escritas con independencia de su condición femenina. Supo observar el mundo que la rodeaba, masculino y femenino, con magnífica objetividad y comprensión. Otorgó a sus personajes complejidad y momentos de gracia, incluso a los más desdichados.

Emily siempre prefirió el anonimato a la publicidad. Su personaje más sorpresivo es una sirvienta doméstica, Nelly Dean, que observa a todos sin que nadie repare nunca en ella. Algo así le ocurría a ella también: la invisibilidad era su estado preferido (se enfureció con Charlotte cuando encontró su cuaderno de poemas y quiso publicarlo). No quería que sus lectores la descubrieran, prefería ocultarse y observar detrás de las tareas del hogar (sus sirvientes decían que estuviera haciendo lo que estuviera haciendo, siempre tenía su lápiz en la mano).

Las complejidades y limitaciones de su vida como mujer de clase media en el siglo XIX la convirtieron en escritora. Emily fue quizás la más grande de las hermanas Brontë, pero lo que sabemos de ella es poco, probablemente debido a su personalidad silenciosa y reservada. Decía Charlotte que su hermana tenía “un poder y un fuego secreto”, que utilizó en su trabajo literario y que le permitió escribir, desde lo desapercibido de su hogar, una novela escandalosa y extraordinaria para su tiempo y también para el nuestro.

Caminaré adonde mi naturaleza me lleve,
pues me humillaría elegir otro guía.
Allí donde pastan entre helechos los grises rebaños,
allí, a la montaña, donde brama el viento salvaje.

De las Estrofas (Stanzas) de Emily Brontë


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