El Observatorio

El móvil como enemigo del trabajo

Página 1

Jason Brown, director general de una agencia de publicidad, veía con desesperación que los empleados hacían caso a sus móviles en vez de a él durante las reuniones que convocaba. Decidió prohibir presentarse con el teléfono en una reunión. John Simons cuenta esta y otras experiencias semejantes en The Wall Street Journal

Según un estudio de la consultora Dscout, especializada en aplicaciones para móviles, el usuario medio maneja o mira su teléfono 2.617 veces al día. Eso suma unas 2 horas y 25 minutos, buena parte durante el trabajo. Estos aparatos son hoy el enemigo número uno de la productividad, a juicio mayoritario de los ejecutivos y directores de personal encuestados por CareerBuilder, una compañía de recursos humanos.

Por eso, algunas empresas intentan prohibir o limitar el uso del celular, al menos en las reuniones.

Bill Hoopes, gestor de proyectos, dice: “Estoy firmemente convencido de que la multitarea es un mito”. Prohibió usar el móvil en las reuniones, y comprobó que mejoraba la calidad de la conversación y de las ideas, y además los asistentes parecían mostrar más respeto y aprecio por el trabajo de los otros. Hoopes tampoco quiere que los miembros de su equipo consulten el móvil por los pasillos: “No actúen como si fuéramos demasiado importantes para saludar –les dice–. Miren a las personas con quienes se cruzan”.

Se están probando otras soluciones. En un experimento con 250 trabajadores, para usar el móvil tienen que ir a una zona común; la frecuencia de uso ha bajado notablemente. Un director de producto de una empresa informática instaló una aplicación que registra el tiempo diario en que usa el móvil; así se dio cuenta de que era excesivo, y lo bajó de cuatro horas a una. Persuadió a sus colegas de que hicieran lo mismo y pusieran sus resultados en una pizarra para hacer un concurso entre todos: gana el que menos tiempo consigue.

No todo el mundo está de acuerdo con tales medidas. Unos dicen que el móvil es útil para hacer comprobaciones rápidas en las reuniones. Otros alegan que necesitan tenerlo a mano para atender emergencias familiares. Y el mismo Brown levantó su prohibición al cabo de dos meses porque resultó poco provechosa.

Arritmia algorítmica

Otro efecto secundario de la tecnología es la impaciencia. También en The Wall Street Journal, Alan Ripp, director de una empresa de relaciones públicas, describe lo que llama “arritmia algorítmica”. Es una “enfermedad moderna causada por el incumplimiento de promesas generadas por ordenador”. Sistemas informáticos nos dicen cuánto falta para que seamos atendidos por un operador al teléfono, para que llegue el coche de Uber recién contratado, o el siguiente autobús o ascensor, o nuestro turno en la cola del supermercado… Cuando la espera se alarga, más aún si el sistema la recalcula al alza, se manifiesta el síndrome.

Ripp se pregunta si necesitamos datos tan exactos. Recuerda cierta ocasión en que iba de copiloto en el coche de su hijo, que tenía acceso a una completa información en el móvil fijado sobre el salpicadero. “Datos suministrados por satélites, avisos viarios, informes policiales y la ubicación de otros conductores se combinaban para informarnos de algo que era bastante obvio: que estábamos metidos en un atasco”.

Cuando Ripp era pequeño y su padre llevaba a la familia en coche, le preguntaba cuánto faltaba para llegar. Cualquiera que fuera el trayecto, la respuesta era, invariablemente, “diez minutos”. “Yo no tenía medio de juzgar su exactitud, así que aceptaba que ’diez minutos’ significaba ‘llegaremos pronto’ y aprendí a no quejarme”.


Nuestra web utiliza cookies para facilitar el servicio. Si continúa navegando entendemos que las autoriza.