El coste de no ser Europa

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Los partidos euroescépticos protestan ante la infinidad de asuntos que se despachan en Bruselas. Esta queja tiene todavía más sentido ahora pues, con los cambios del Tratado de Lisboa, el Parlamento que surja tras las elecciones de mayo va a tener más poder que el anterior. Pero es interesante valorar también lo que las decisiones del Parlamento Europeo pueden ahorrar al bolsillo de los ciudadanos y lo que la UE contribuye al progreso de la paz.

A principios de los ochenta, el Parlamento Europeo se preguntó cuánto costaría vivir en una Europa sin mercado común. El informe Albert y Ball, publicado en agosto de 1983, calculó que cada trabajador tendría que dedicar al año una semana de trabajo extra para pagar lo que se ahorra por estar dentro de la UE. Además, la ausencia de un mercado común se traduciría en una caída del 2% en el PIB de cada Estado miembro.

Este informe –publicado en un momento de crisis económica como el actual– sirvió para acuñar el concepto de “valor añadido europeo”, un indicador que hace referencia a lo que ganan los Estados miembros y sus ciudadanos cuando los intereses nacionales se equilibran con los comunitarios.

Ahora, el informe “Mapping the Cost of Non-Europe, 2014-19” estima que, si el Parlamento Europeo adopta una serie de medidas que tiene pendientes para la próxima legislatura, las ganancias potenciales para la economía europea serían de unos 800.000 millones de euros, el equivalente al 6% del PIB europeo actual. Lo que contribuiría al objetivo de crecimiento sin deuda que se ha propuesto la UE.

Las políticas pendientes de votación en la próxima legislatura podrían contribuir al objetivo de crecimiento sin deuda que se ha propuesto la UE

Las grandes cifras de este informe se comprenden mejor a la luz de dos ejemplos de la última sesión plenaria de la Eurocámara, celebrada el 3 de abril. Entre otras cosas, los eurodiputados aprobaron en primera lectura un proyecto de ley que elimina el sobrecoste para el uso del móvil en el extranjero (“roaming”), a partir del 15 de diciembre de 2015. También respaldaron unas medidas para reducir las comisiones bancarias sobre los pagos con tarjeta dentro de la UE, aunque la votación definitiva está pendiente.

Las ganancias de legislar desde Europa
El informe se basa en unas estimaciones preliminares, que lógicamente pueden cambiar en función de que el nuevo Parlamento apruebe o no las políticas propuestas. Algunas de ellas ya han recibido un amplio respaldo en la sesión plenaria.

La mayor ganancia vendría de la creación de un mercado digital único: unos 260.000 millones de euros al año. Las medidas en este área pretenden eliminar las barreras al comercio electrónico e impulsar un sistema de compras online más cómodo y seguro.

Otra parte importante del pastel (235.000 millones de euros) son las medidas pensadas para mejorar el funcionamiento del mercado único: facilidades a las pymes, mayor información a los consumidores, asistencia médica transfronteriza, compra y alquiler de vehículos, reconocimiento de títulos profesionales…

Otras áreas que ofrecen importantes ganancias potenciales son: la creación de una zona de libre comercio entre la UE y Estados Unidos (60.000 millones al año); la mejor integración de los mercados financieros (otros 60.000 millones al año); las medidas para consolidar el mercado energético europeo de distribución de electricidad y gas (50.000 millones al año)…

Hay otras cifras menos espectaculares –como las relativas a la unificación del Derecho internacional privado o de los documentos oficiales–, pero siguen suponiendo un ahorro para el bolsillo de los europeos y más facilidades para su vida cotidiana.

Buena parte del valor añadido europeo reside en la contribución de la UE al progreso de la paz y la estabilidad

Críticas de brocha gorda
Los euroescépticos reprochan a la UE que siga avanzando en el mercado económico único mientras los gobiernos de Alemania y Reino Unido han empezado a poner trabas a la libre circulación de los europeos “pobres” (cfr. Aceprensa, 3-04-2014).

Pero esta crítica es exagerada, pues la Comisión Europea ha intentado atajar este problema varias veces. Hace poco, rebatió la idea de que la libre movilidad dentro de la UE estaba favoreciendo el llamado “turismo de prestaciones” (cfr. Aceprensa, 16-02-2013). Además, la vicepresidenta de la Comisión, Viviane Reding, advirtió a Reino Unido que “la libre circulación no es negociable” para un Estado miembro.

Tampoco es matizada la crítica de quienes acusan a la UE de haberse entregado por completo a las cuestiones económicas y comerciales. Si bien es cierto que en los últimos años ha tomado una deriva tecnocrática, alejada del entusiasmo y de los ideales de los padres de la unificación, no ha abandonado del todo las motivaciones políticas de más calado.

Buena parte del valor añadido europeo reside precisamente en su empeño estabilizador, que ha permitido “transformar la mayor parte de Europa de un continente de guerra en un continente de paz”, como reconoció el jurado del premio Nobel de la Paz 2012. El galardón fue concedido por “la contribución de la UE durante más de seis décadas al progreso de la paz y la reconciliación, la democracia y los derechos humanos en Europa”.

Un ejemplo concreto es el programa que promueve la reconciliación de bosnios, serbios y croatas en Bosnia-Herzegovina.


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