Campañas de ONG para lograr medicamentos baratos con destino al Tercer Mundo

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Dos grupos de ONG, encabezados por Oxfam y Médicos Sin Fronteras (MSF), han iniciado sendas campañas para que las multinacionales farmacéuticas bajen los precios de los medicamentos que precisa el Tercer Mundo. La semana pasada, en una reunión celebrada en Nairobi (Kenia), varias ONG pidieron descuentos del 85% en los fármacos contra el SIDA, que son de los más necesarios en África.

A la vez que tenía lugar la reunión, un orfanato keniano que acoge a niños enfermos de SIDA anunció que comprará genéricos a Cipla, los laboratorios de Bombay que han ofrecido medicamentos a bajo precio a MSF (ver servicio 24/01). La importación de versiones genéricas de fármacos sin permiso de los propietarios de las patentes -como pretende el orfanato de Nyumbani- está prohibida por la ley keniana y por la Organización Mundial del Comercio (OMC). Las ONG sostienen que la OMC debería abolir esa norma, que impide a los países pobres disponer de medicamentos esenciales. Pero su primer objetivo es lograr que los laboratorios que poseen las patentes vendan mucho más barato en el Tercer Mundo, cuestión en la que se ha avanzado poco desde que la Organización Mundial de la Salud (OMS) impulsó negociaciones con ese fin (ver servicio 3/01).

Con todo, la OMC prevé excepciones a la protección de patentes de medicamentos a fin de que lleguen al Tercer Mundo. La norma al respecto, el acuerdo TRIPS (Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual Relacionados con el Comercio), establece que si el propietario de una patente rehúsa autorizar la fabricación de su producto en un país, «bajo condiciones comerciales razonables», el gobierno del país puede autorizarla por su cuenta, pagando una compensación. También se permite a cualquier gobierno importar fármacos protegidos por patente desde otro país donde sean más baratos, sin que por ello pueda ser denunciado ante la OMC. El acuerdo TRIPS entró en vigor al principio del año pasado, pero los países en desarrollo no están obligados a aplicarlo antes de 2005 (los más pobres disponen de un año más, prorrogable).

El TRIPS no contempla excepciones semejantes para los genéricos, que son los principales motivos de disputas, como las que sostienen 42 laboratorios contra Sudáfrica o Estados Unidos contra Brasil. En los dos casos, los países demandados autorizaron la fabricación nacional de genéricos contra el SIDA sin consentimiento de los propietarios de las patentes. Bien es verdad que Estados Unidos hace la vista gorda con los países africanos, a los que el año pasado decidió no demandar si importan o fabrican ilegalmente genéricos anti-SIDA, aunque se quejen empresas norteamericanas poseedoras de las patentes. La semana pasada, el gobierno Bush declaró que no cambiaría esta política, adoptada por Clinton.

Precios distintos para los mismos medicamentos

De todas formas, más decisivo que estas normas internacionales es que haya precios distintos para los mismos medicamentos, como señala Mike Moore, director general de la OMC, en un reciente artículo (International Herald Tribune, 22-II-2001). Ello exigiría, añade Moore, medidas para impedir que se introdujeran en países ricos medicamentos distribuidos a bajo precio en los países pobres. Este es el temor de las multinacionales farmacéuticas, que apenas notarían las rebajas en el Tercer Mundo pero sufrirían grave daño si el contrabando les robase sus clientes ricos. Por tanto, dice Moore, es preciso seguir garantizando a los laboratorios que podrán recuperar el dinero gastado en investigación, o dejarán de desarrollar nuevos medicamentos.

Pero una cuestión más es cómo estimular a las multinacionales, que tienen casi la exclusiva de la invención farmacéutica, a desarrollar medicamentos que solo necesitan los pobres. En la actualidad, del gasto mundial en investigación farmacéutica, no más del 10% se dedica a buscar remedios contra enfermedades que afectan al 90% de la población mundial. Pero la escasez de fármacos en el Tercer Mundo no se limita a las carísimas terapias contra el SIDA ni a nuevos tratamientos para otros males: faltan también otros fármacos necesarios, ya inventados pero que solo curan enfermedades tropicales. En este caso, el problema no es de patentes: de los 300 medicamentos que la OMS considera básicos para los países en desarrollo, menos de 20 están protegidos por patente.

Para ilustrar la situación sirve el caso de la eflornitina, remedio infalible contra la tripanosomiasis o enfermedad del sueño, causada por la picadura de la mosca tsetsé. Este fármaco no es de los más caros: cuesta 10 dólares la dosis, y basta una dosis diaria por enfermo durante una semana. El medicamento tiene mercado, pues por desgracia la enfermedad del sueño -mortal si no se trata- ha rebrotado en África central. Sin embargo, como los clientes son pobres, las existencias de eflornitina están próximas a agotarse: las últimas mil dosis, en poder de MSF, no durarán más allá de junio próximo.

La situación era desesperada… hasta que se descubrió que la eflornitina tiene también utilidad en los países ricos: elimina el vello de la cara en las mujeres. Para emplearla en una nueva crema facial que se vende a 54 dólares el tubo en Nueva York, se ha reanudado la producción de eflornitina. Así, con un modesto costo adicional, los laboratorios propietarios de la patente y otros que se han prestado a colaborar podrán servirla también en su versión original contra la enfermedad del sueño. Es más: van a donarla durante tres años para que la distribuya MSF, que en junio recibirá las primeras 60.000 dosis. Lo único que queda por acordar con la ONG es a qué precio la venderán después de ese plazo. MSF pide que le garanticen los suministros a 10 dólares por dosis; los laboratorios no quieren comprometerse a mantener el precio actual.

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