Apuestas “online”: perder, perder y… perder

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Una experta en el tratamiento de la ludopatía conversa con Aceprensa sobre la incidencia de las apuestas en Internet en los menores de edad, y el modo de sacarlos de esa adicción.

La psicóloga Consuelo Tomás, responsable del Instituto Valenciano de Ludopatía y Adicciones No Tóxicas, le tiene tomadas las medidas al juego online. Cuando se fundó su centro, hace más de 30 años, no existía este “pasatiempo”, pero había otros modos de caer en una espiral adictiva.

“El ludópata cree tener una estrategia para ganar, o considera que sus conocimientos deportivos pueden aumentar sus probabilidades”

“Teníamos entonces a adolescentes que jugaban en las máquinas tragaperras de los bares, así que esto no es novedoso. Lo que ha cambiado es la plataforma de juego, pero ya había ludopatía en menores”, afirma.

¿Qué diferencia a una variante de juego de otra?

— Entre otras cosas, que el juego online, a diferencia del presencial, tiene el factor del anonimato. No es lo mismo hacer una apuesta deportiva en un bar, donde pueden ver si entramos o salimos, o si estamos delante de la máquina, que online, pues nadie sabe si estamos jugando en ese momento o no, y es un factor que influye.

Por otra parte, también esta variante facilita que podamos jugar en cualquier momento del día. Las personas que hacen apuestas deportivas online o juegan al póquer podrían estar 24 horas jugando si lo desearan.

Hay que decir que aquellos juegos en los que es muy corto el intervalo entre el momento en que apostamos y el que sabemos si hemos sido premiados o no, tienen un potencial adictivo muy elevado, y también aquellos en que los participantes creen tener una estrategia o consideran que sus conocimientos deportivos pueden aumentar sus probabilidades. Es una creencia errónea, pero son los que más atrapan.

Además, con el móvil podemos estar con la familia en un salón de la casa, y ni nuestra pareja ni nuestros padres se enteran de que estamos apostando online. O sea, ya no es lo que se hace en la calle: es que incluso apostando en casa, la familia puede estar al margen.

 Los padres, ajenos

— Se refiere fundamentalmente a los menores…

— Sí. El peligro es que una persona se puede abrir cualquier perfil y puede falsear su edad. No hay forma de ver si es menor o mayor de edad. Y hemos tenido menores que han utilizado, sin el consentimiento de sus padres, las tarjetas de crédito.

“A medida que avanza el tratamiento, hay que enseñar al joven cómo exponerse a las situaciones de riesgo”

El problema de ellos es que no se está cumpliendo la normativa. En el juego presencial, en los salones, no se está controlando la edad de quienes entran, porque aunque existe la obligación de pedir el carné de identidad, no siempre se cumple. Y en los bares, donde hay apuestas deportivas, se ve más frecuentemente a menores de edad.

Nosotros hemos atendido a chicos enganchados a las apuestas online , cuyos padres están normalmente ajenos. Cuando comienza a darse una serie de pérdidas económicas y un descenso en el rendimiento académico, es que se dan cuenta. La ludopatía es una adicción muy silenciosa.

— ¿Cómo se modifica el carácter del joven?

— Puede echar a un lado los estudios, cambiar de amistades... Prefiere estar jugando antes que en otras actividades, y se enfada cuando se le interrumpe. Se muestra nervioso, irritado y un poco agresivo, porque lo que quiere es recuperar el dinero perdido. Pero en el juego, se gane o se pierda, siempre se pierde.

No vale encerrar en una burbuja

— ¿Cómo sería el tratamiento para “desengancharlo”?

— De los menores que vienen acompañados de sus padres, algunos se sienten culpables, avergonzados, pero otros niegan el problema y están convencidos de que podrán recuperar el dinero. En ambos casos, es importante transmitir que esto no es un vicio, sino una enfermedad que tiene solución. No es que la persona juegue porque quiera, sino porque cuando no lo hace, siente que le falta algo.

Hay entonces una primera fase educativa y motivacional, de explicarles qué ocurre y qué consecuencias puede tener no solucionarlo. El objetivo no es que el chaval no tenga ganas de jugar, sino que aprenda a controlar el impulso cuando le venga. Es crucial que no solo deje el juego con el que tiene problemas, sino que no se desvíe a otras conductas adictivas o a sustancias. No vale que deje las apuestas deportivas y se pase a las máquinas tragaperras.

“Es inadmisible la gran accesibilidad y la proliferación del juego en cualquier medio, ya sea presencial u ‘online’”

Y es fundamental prevenir una recaída. Hay que identificar las situaciones de riesgo y que la persona aprenda a generar respuestas adecuadas para no recaer. Como técnica de tratamiento, inicialmente se restringe el control del dinero o de los estímulos relacionados con el juego. Pero lo que no podemos hacer es mantener al joven en una burbuja, porque él verá a sus amigos jugar online. Hay que enseñarle cómo exponerse a estas situaciones, para que el deseo de jugar vaya desapareciendo poco a poco.

— Por último, ¿qué demandaría Ud. a los responsables políticos respecto a las apuestas online?

— Sobre todo, que haya un cauce para poder comprobar si realmente el jugador es menor de edad. Pero también que se regule la publicidad, y que se limite el número de páginas web de este tipo, porque es inadmisible la gran accesibilidad y la proliferación del juego en cualquier medio, ya sea presencial u online.

Al parecer, ya los políticos se están haciendo eco, a partir del esfuerzo que estamos haciendo todos los profesionales. Luego hace falta ver si se materializa, pero por lo menos ya hemos conseguido mover la sensibilidad de la población y de los partidos políticos.


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