El plan Bolonia: La huella del modelo universitario de EE.UU.

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Jaime Nubiola, Profesor de Filosofía en la Universidad de Navarra, publica en Nueva Revista (diciembre 2008) un artículo que sitúa la discusión sobre el plan Bolonia en el trasfondo de la comparación de la universidad europea con la norteamericana.

Reforma de la licenciatura (grado)

Los grados, que establece el plan Bolonia y que en España entrarán en vigor en 2009 o (como mucho) 2010, tienen una correspondencia gemela al otro lado del Atlántico en los undergraduate studies o años de college: son los tres o cuatro años de formación básica y general en las distintas disciplinas universitarias que, al ser imitados en Europa, terminarán por enterrar las tradicionales licenciaturas de cinco años. Esta reducción resulta sospechosa para muchos, como explica Nubiola: “De lo que se trata es de igualar por abajo las enseñanzas de grado de las universidades europeas de forma que lleguen a tener unos contenidos y un nivel similar -realmente bajo- a los estudios norteamericanos conducentes al grado”.

En las reacciones del profesorado (y no tanto en las proclamas más o menos justificadas de los alumnos) se advierte un efecto colateral derivado de ese bajo nivel de los grados: ciertas carreras consideradas más profesionales (Medicina, Arquitectura, Ingenierías) intentan esquivar la aplicación de Bolonia. En efecto, decanos y profesores de esas carreras temen que en el paso de licenciaturas a grados se quede en el camino el nivel exigente y tradicional de su plan de estudios.

En efecto, con la reforma del grado, tal y como advierte Nubiola, habrá más cambios, que son los que subyacen en las quejas de muchos: “La reforma de las licenciaturas para ajustarlas al esquema de Bolonia significa la disminución total del número de horas de clase en el grado y, por consiguiente, la disminución del profesorado, de su cualificación académica y de su retribución global. Nadie se atreve a decir esto”, si bien es algo patente para los Departamentos que ya están “ajustando” sus licenciaturas a grados.

Lo explica también el Prof. Nubiola: “Mientras no se entienda que lo importante de la universidad norteamericana no son los años de college, sino los estudios de postgrado no se estará en condiciones de imitar el modelo norteamericano”.

La transformación del postgrado (máster)

De hecho, lo que diferencia a las mejores universidades de EE.UU no es la configuración de sus grados sino la calidad y amplitud de sus postgrados (graduate studies) y el prestigio que tienen sus doctorandos. Para lo primero Bolonia promueve la implantación de los estudios de máster en sustitución de los tradicionales cursos de doctorado. Para lo segundo, en principio, se incrementará el número de becas y su cuantía y se mejorarán las condiciones laborales de los doctorandos.

Los estudios de máster, el nuevo posgrado, durarán dos años y completarán la formación del grado. La tercera etapa en la trayectoria del estudiante universitario es acceder al doctorado y culminar la redacción de la investigación doctoral, algo que -obviamente- realizarán sólo unos pocos, en una proporción que sería similar a la de los doctorandos actuales.

Importa comprender que este último proceso no es automático: todos los doctorandos habrán cursado alguno de los másters que, a partir de ahora, ofertarán las Universidades, pero no todos los que hacen esos másters acabarán por redactar la tesis. ¿Por qué? Porque a la novedad del reconocimiento estatal del título de máster (que hasta ahora, como es sabido, era algo fundamentalmente privado) se suma el hecho de que en el postgrado según Bolonia caben dos tipos de máster, como explica Nubiola:

“Ya en el real decreto del año 2005 se preveían dos tipos muy distintos de máster que figuran también en la más reciente legislación de 2007: uno, el máster especializado -como el de las escuelas de negocios- que lleva a una preparación profesional en un campo determinado; otro, un máster dirigido a “promover la iniciación en tareas investigadoras”. Es este segundo tipo de máster donde nos jugamos -al menos así me lo parece a mí- el futuro de la excelencia investigadora de la universidad española”.

Cambio de mentalidad

Una precisión de relieve, aplicable tanto al máster como al doctorado, es que para las grandes universidades públicas el proceso de adaptación a Bolonia necesariamente llevará consigo una política mucho más activa y eficiente a la hora de atraer a los mejores estudiantes -futuros investigadores- y de ofrecerles recursos adecuados (incluidos los económicos, porque el precio de los nuevos másters es superior al de los antiguos cursos de doctorado).

No hay que olvidar, como explica Nubiola, que “mientras los tradicionales cursos de doctorado podían darse con un número escaso de alumnos, no tiene sentido -más aún, resulta inviable- un programa de estudios de máster sin un número sustancial de estudiantes, ya que esta modalidad de estudios requiere una amplia dedicación del profesorado y de los alumnos”. Por tanto, si un programa de máster tiene tan pocos alumnos como los antiguos cursos de doctorado, a medio plazo terminará por resultar gravoso para las arcas universitarias y, posiblemente, se cuestionará su mantenimiento en el plan de estudios.

El reto de la investigación (doctorado)

Las universidades que de verdad se propongan situarse a la vanguardia de la investigación deberán ofertar ambiciosos programas de máster y, para el paso siguiente, disponer de prestigiosos profesores que estén en condiciones de motivar a sus alumnos para la redacción de tesis doctorales de calidad. Y esto tanto en ciencias como en humanidades y ciencias sociales.

Algunos han subrayado que el plan Bolonia trata de imitar el modelo universitario de EE.UU. pero sin el dinero que las mejores universidades norteamericanas dedican a la investigación. Parece una crítica razonable, porque la cuestión económica es muy relevante. En esa misma línea explica Nubiola: “Los legisladores españoles parecen no saber que el periodo normalmente requerido para completar el doctorado en los Estados Unidos es de unos 7 u 8 años con dedicación completa a la universidad (…). En este tiempo se incluyen, por supuesto, los dos años formativos del máster, y no puede pensarse que estos estudiantes de postgrado dependan económicamente de sus familias o puedan financiarse con otros trabajos. Se trata realmente de personal investigador en formación”.

De ahí que la apuesta por la investigación universitaria que implica Bolonia deba ir acompañada de ayudas reales a los doctorandos. Previsiblemente las universidades ahorrarán recursos económicos y de profesores al reducir las licenciaturas a grados: si de verdad apuestan por invertir en investigación, el destino de esos recursos deberían ser, como propone Nubiola, los másters de investigación y los doctorandos. En ese ajuste presupuestario las grandes universidades públicas mostrarán su aprecio por la investigación.

¿Imitación de la universidad norteamericana?

Hecho el elogio del modelo universitario norteamericano, conviene situar el mito en su lugar: en EE.UU hay más de 4.000 universidades y sólo unas 200 ocupan esas posiciones punteras a las que suelen referirse los analistas. Muchas otras no están en la vanguardia de la investigación científica, ni producen tesis doctorales de primer nivel: su papel, no menos meritorio, radica en ofrecer una adecuada formación generalista en los distintos grados.

Nubiola sugiere que posiblemente España camine a un modelo similar, en el que se refleje esa distribución de funciones. La diversidad incluso se manifestará en la oferta de másters y doctorados que realicen Facultades y Departamentos: no todos podrán ser igualmente competitivos, por lo que necesitarán especializarse, algo que ya comienza a verse en España.

“No está lejos el momento en el que nos encontraremos en España con unas pocas -muy pocas- superuniversidades, equiparables a esas excelentes universidades norteamericanas, mientras que la mayoría se asemejarán más bien a las universidades estatales de aquel país que tienen una importantísima función docente en el nivel de estudios de grado, pero que -con honrosas excepciones en algunos centros en particular- son del todo irrelevantes para el desarrollo científico internacional”.

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