Santa Sede y Vietnam, hacia la normalización de relaciones

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Nguyen Tan Dung se ha convertido en el primer jefe de gobierno de Vietnam en realizar una visita diplomática a la Santa Sede desde la independencia en 1954. El primer ministro de la república socialista fue recibido en audiencia por Benedicto XVI el 25 de enero, y después se reunió con el secretario de Estado, cardenal Tarsicio Bertone. La Santa Sede ha manifestado su «alegría» por la visita, y ha recordado que en los últimos años las relaciones bilaterales «han registrado progresos concretos, que han abierto mayores espacios de libertad religiosa para la Iglesia católica en Vietnam». Esta normalización podría llevar al establecimiento de relaciones diplomáticas, en un momento en que Vietnam busca mejorar su proyección internacional.

La mayor libertad religiosa está dando sus frutos. En el país asiático, donde los católicos representan 6 de los 84 millones de habitantes, la práctica de los sacramentos, la catequesis o las vocaciones religiosas y sacerdotales son abundantes y continúan creciendo. La Iglesia católica cuenta con 2.600 sacerdotes, reconocidos también por las autoridades.

Respecto a los seminarios, existen grandes problemas logísticos y de profesorado. Los seminaristas son tantos, que los seis seminarios interdiocesanos se quedan escasos para acoger a sus 1.580 alumnos (en España eran 1.489 en 2005). Los obispos llevan años solicitando sin éxito a las administraciones la apertura de otros dos seminarios, aunque acaba de permitirse la construcción de un edificio anejo al gran seminario de Hanoi. Mientras tanto, la afluencia de posibles vocaciones está provocando una selección más rigurosa. En Hanoi se realiza un examen previo sobre catecismo, Evangelio, literatura vietnamita e idioma extranjero. Y se presta, por supuesto, una atención principal «a la integridad moral y a las motivaciones del candidato», según el sacerdote encargado de ello, como informaba la revista «Palabra» (mayo de 2006).

Según el obispo de Phú Cuong, en su intervención en el último sínodo de obispos, «aproximadamente el 80% de los católicos vietnamitas van a Misa los domingos, y el 15% entre semana. En las grandes fiestas, como Navidad o Pascua, el número puede alcanzar el 95%». La situación de libertad religiosa dista mucho de ser la ideal, y no hay que olvidar que la constitución de 1992 sanciona el principio de la dictadura del proletariado y el valor fundamental del marxismo-leninismo. El Partido Comunista sigue controlando la vida política y social, lo que provoca el encarcelamiento de disidentes políticos o persecuciones contra otras confesiones, algunas cristianas. Pero los católicos, aunque tengan dificultades para realizar su labor, ya no son abiertamente perseguidos como en otras épocas por su fe -otra cosa son las motivaciones de orden político-, y los gobernantes conceden progresivamente una mayor libertad a su trabajo.

Este aumento en la libertad religiosa va de la mano con la apertura de la economía del país con el fin de ingresar en la Organización Mundial del Comercio (OMC), donde ha sido admitido sólo dos semanas antes de la visita del primer ministro al Vaticano. Pero parte de esta progresiva aceptación de la labor de los católicos tiene que ver con la enorme aportación educativa y asistencial que la Iglesia lleva a cabo en Vietnam, donde cuenta con 563 jardines de infancia, 100 escuelas primarias, 2 escuelas medias, 40 institutos superiores y cientos de centros sanitarios y asistenciales, como el Centro de la Compasión de Ho Chi Minh, donde se atiende a niños con deficiencias mentales y motoras. La atención se extiende a todo tipo de personas marginadas y de un modo especial a los enfermos de sida. Una muestra del reconocimiento oficial a esta labor es la publicación hace un año en el diario del Partido Comunista de la historia de una religiosa de la Sociedad de San Vicente de Paúl que lleva 40 años dedicada a la atención de leprosos, y a la que llama «heroína del trabajo».

Por ello, no es extraño que la Santa Sede señalara tras la visita del primer ministro vietnamita que «se ha hablado de los problemas todavía abiertos, que se espera sean afrontados y resueltos por medio de los canales de diálogo existentes y lleven a una cooperación fructuosa entre la Iglesia y el Estado, de modo que los católicos puedan aportar cada vez con mayor eficacia su contribución positiva al bien común del país, la promoción de los valores morales, en particular en la juventud, la difusión de una cultura de la solidaridad y la asistencia caritativa en favor de los sectores más débiles de la población».

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