Tras el reciente estreno de Michael, un filme que expone los inicios del artista desde una mirada positiva y compasiva con el rey del pop y centrada en su genialidad musical, parece que ahora la BBC ha querido centrarse en las sombras de su compleja biografía. Y esa es la mirada que, de principio a fin, recorre esta docuserie sobre la historia de Michael Jackson. De hecho, el título inicial fue Michael Jackson: An American Tragedy.
El producto se estructura en cuatro premisas que aparecen en la introducción de cada episodio: “El artista número 1 en el mundo”, que narra su infancia y el salto al estrellato mundial; “Ese nivel de megaestrellato no es sano: las personas no son dioses”, que se centra en su separación de los Jackson Five y en el fenómeno de Thriller, un disco que supuso un antes y un después en la historia de la música; “Esta noche la policía estará buscando a Jackson por múltiples delitos de abuso infantil”, centrado en su relación con los menores y en el caso Gavin Arvizo; y “La máquina de Jackson sigue funcionando”, que alude a la preparación de su última gira, This Is It, después de haber sido declarado inocente. La docuserie combina numerosas imágenes de archivo con material periodístico, especialmente televisivo, y testimonios actuales de personas de su entorno, como su hermana La Toya, su guardaespaldas, algunos de los productores que trabajaron con él y amigos de la familia.
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El recorrido parte de su difícil infancia, marcada por la exigencia y los malos tratos recibidos de su padre, y pasa por su relación con los menores, Neverland y otros episodios que lo mantuvieron en el foco mediático: sus operaciones estéticas, sus hijos, su extravagancia, los juicios, su profunda soledad y el recurso a la medicación. El problema es que la balanza termina inclinándose casi exclusivamente hacia lo oscuro, trágico y polémico, relegando lo que también hubo de bello dentro de su sufrimiento. Y, queriendo o sin querer, sus creadores construyen un relato que vuelve a situar al espectador ante la disyuntiva de culpable o inocente, cuando las controversias en torno a Jackson ya han sido objeto de innumerables relatos, testimonios y procesos judiciales.
Hay tanto dicho, tanto discutido y tanta insistencia en manchar su imagen como en limpiarla que, al final, tampoco se le hace justicia como artista. Michael Jackson fue una figura extraordinariamente compleja, pero también un artista de enorme talento, con una genialidad y unos dones inigualables que aquí quedan relegados a un segundo plano. Quizá la cuestión pase precisamente por no demonizarlo ni endiosarlo: reconocer su legado artístico sin ignorar las sombras de su vida, pero tampoco reducir toda su historia a ellas.