Si juntamos verano y música, probablemente una de las primeras palabras que nos venga a la cabeza sea “festival”. Y es que los festivales se han convertido en los últimos años en una de las citas más esperadas de las vacaciones. Una experiencia que ya no es solo musical, sino también social.
“Evidentemente, empieza a ir gente que no solo va por la música, sino por una experiencia general o porque conoce a tres grupos del cartel, aunque luego los otros 300 les den igual”. Así lo explicó Gema del Valle, cofundadora y directora de comunicación del sello discográfico Subterfuge, en el programa ‘Ubícate’ de RTVE Play.
Según un informe de la consultora LIN3S, España es el tercer país de Europa con mayor número de festivales, por detrás de Alemania y Reino Unido. Desde 2010, año en que se celebraron alrededor de 450 festivales, la cifra ha ido aumentando, hasta 872 en 2023 y más de mil en 2025.
El aumento del fenómeno festivalero se refleja en el público que atraen estos encuentros. Según el Panel de Patrocinios de STROCK Sponsorship & Event, los 182 festivales de los que se pudieron obtener datos de asistencia en 2025 reunieron 9,7 millones de personas. Para muchos jóvenes, estas citas se han convertido en un destino más de las vacaciones. Ya no se trata de ver únicamente a su “artista favorito”, sino de disfrutar de todo lo que conlleva ir a un festival: el ambiente y la experiencia.
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El impacto económico de la música en directo
El impacto de los festivales es una manifestación del buen momento que atraviesa la música en directo en España. En 2025 se recaudaron 807,2 millones de euros por la venta de entradas, un 11,2% más que el año anterior, según el Anuario de la Música en Vivo 2026 de la Asociación de Promotores Musicales (APM).
Pero ese no es todo el dinero que mueven tales eventos. Según un estudio realizado por Sympathy for the Lawyer e Incentiva Music, los conciertos y festivales celebrados en España movilizaron alrededor de 5.812 millones de euros en 2025. Estos ingresos no solo incluyen la venta de entradas, sino también los generados dentro del recinto (barras, patrocinios, zonas VIP o merchandising) y los gastos que se realizan fuera de él. Así, el informe destaca que por cada euro gastado en una entrada circulan más de siete euros de actividad económica.
Y es que gran parte de este impacto se produce fuera de los escenarios. El estudio estima que 3.210 millones de euros proceden del gasto que se realiza en hoteles, restaurantes, bares, transporte o comercio local, lo que demuestra que los festivales se han convertido en un importante motor económico para las ciudades que los acogen.
La rentabilidad de organizar estos eventos no se juega solo en la venta en taquillas. Los patrocinadores, las ayudas públicas y el consumo dentro del recinto pueden ser determinantes para cuadrar las cuentas
Este movimiento económico se concentra durante los meses de verano. Un estudio de Data Appeal Mabrian elaborado para la Cadena SER calcula que, entre junio y agosto de 2026, los festivales generarán más de 2.117 millones de euros de gasto turístico adicional en España, un 50,3% más que el año anterior. En declaraciones recogidas por la Cadena SER, a propósito del informe, Carlos Cendra, director de Marketing y Comunicación de The Data Appeal Company, explica que “este tipo de eventos generan un círculo virtuoso, ya que aumentan la visibilidad del destino, atraen a nuevos artistas de primer nivel y también a visitantes, tanto nacionales como internacionales, con un impacto económico muy positivo”.
El festival: una excusa para viajar
En 2026 se consolida el fenómeno conocido como “gig-tripping”, una tendencia que consiste en aprovechar el festival para conocer la ciudad, su gastronomía y realizar otras actividades turísticas. Según datos recogidos por la plataforma española de actividades turísticas Civitatis, publicados por Europa Press, durante el Primavera Sound Barcelona registró un aumento superior al 36% en la contratación de actividades culturales. Y en Madrid, esa actividad aumentó un 6% coincidiendo también con la celebración de eventos musicales.
La Asociación de Promotores Musicales (APM) ha destacado en varias ocasiones la repercusión económica del turismo musical. Así lo señalaba Carol Rodríguez, directora de Comunicación de APM, en una entrevista para el podcast EPTurismo de Europa Press: “Ahora mismo los festivales tiran mucho de lo que es la experiencia al público, que haya comodidad, buen servicio. La experiencia va más allá de la música”. La evolución de este fenómeno ha ampliado el perfil de quienes acuden a estos encuentros. Según señala, hay personas que antes no asistían a conciertos y que ahora se acercan a los festivales por “el sentimiento de comunidad y por vivir otro tipo de experiencia”.
Descubrir nuevos destinos y compartir varios días con otras personas forman ya parte de la experiencia festivalera. Su impacto también transforma la forma de viajar, de consumir otro tipo de ocio y, en cierta medida, de relacionarse con la música en directo.
La otra cara del negocio de los festivales
A pesar del gran impacto económico que generan los festivales, no siempre resultan rentables para quienes los organizan. Detrás de cada evento hay una serie de costes elevados: el pago a los artistas, el montaje, la seguridad o la logística. Y no todos los festivales son capaces de recuperar la inversión. Javier Ajenjo, director de Sonorama Ribera, explica en una entrevista publicada por El País que este festival tardó 22 años en dejar de tener pérdidas.
Nando Cruz, periodista especializado en música y autor de Macrofestivales: El agujero negro de la música, señala en unas declaraciones a 20 Minutos que muchos festivales dependen “del dinero público, de los patrocinios y de la venta de alcohol”. La rentabilidad de organizar estos eventos no se juega solo en la venta en taquillas. Los patrocinadores, las ayudas públicas y el consumo dentro del recinto pueden ser determinantes para sacar beneficios y cuadrar las cuentas.
A todo esto se le suma el aumento de los costes, que obliga a los organizadores a buscar otras alternativas sin trasladar todo ese encarecimiento al precio de las entradas. Kim Martínez, codirector de Río Verbena Fest (Pontevedra), explicó en un artículo publicado por la Cadena SER que los costes de producción han aumentado alrededor de un 40% desde la pandemia. Para él, el apoyo financiero de las administraciones y de los patrocinadores es clave para mantener el precio del festival en un importe asequible para el gran público.
Esta inestabilidad económica se ve reflejada en la cancelación de algunos festivales. Según recoge 20 Minutos, alrededor de 40 festivales han sido cancelados este año; algunos por problemas financieros y otros por la escasa venta de entradas.
El éxito de un festival no solo se mide por las cifras de asistencia o los millones de euros que genera en la ciudad. También depende de su rentabilidad detrás de los escenarios y su capacidad para mantener un equilibrio entre coste y experiencia. El reto de los festivales de música está en conseguir que su impacto económico sea positivo tanto para las ciudades que acogen los eventos como para quienes los organizan.