¿Desde cuándo las personas se han convertido en un producto de consumo en redes?
El pasado sábado se celebró La Velada del Año organizada por Ibai Llanos, probablemente el streamer y creador de contenido más influyente del panorama actual. La Velada es uno de los eventos más populares de todo Internet, donde varios influencers se citan en un ring para recrear un torneo de boxeo.
En otras palabras, es un espectáculo donde el objetivo es ver a “famosos de internet” pegarse, algo que también daría bastante de qué hablar, aunque ese tema lo dejamos para otro día, porque donde yo quería poner el foco es en el unboxing que hizo Marta Díaz, una de las participantes de La Velada, con su hermana pequeña.
Marta Díaz es una de las creadoras de contenido del momento. Cuenta con una comunidad de más de once millones de seguidores en redes y –como Georgina– tiene su propio documental. Marta Díaz, además, es hermana de uno de los youtubers más reconocidos en este mundillo, AlphaSniper97, quien le ayudó a dar su salto a la fama en redes. Y, que, por cierto, también participó en esta idea de “presentar a su hermana pequeña en sociedad”.
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Sabiendo la enorme repercusión que genera La Velada, la influencer no dudó en convertir la identidad de su hermana en parte del show. Hasta ese momento, Laura Díaz era prácticamente desconocida y ni siquiera tenía, hasta ese momento, cuentas en redes sociales. Sin embargo, bastó un poco de misterio y una presentación como si se tratase de un producto para que sus seguidores se multiplicaran en cuestión de minutos. Y lo más chocante de todo (por raro que parezca) es que no le ha hecho falta mostrar al mundo ni una pizca de talento para convertirse en la nueva influencer.
La cuestión que quiero plantear es hasta qué punto hemos llegado a considerar a las personas como productos que pueden presentarse, promocionarse y sacar rentabilidad de ello. Entre los comentarios publicados en redes sociales hubo una expresión que, aunque resulte triste o cruel, resume bastante bien lo ocurrido: fue como “enseñar el iPhone 16”. Se generó expectación alrededor de una persona como si se tratara del lanzamiento de un nuevo producto.
La entrada de Marta antes de llegar al ring, acompañada por su hermano y por una figura completamente tapada para alimentar la intriga, convirtió a su hermana en el centro de una estrategia de marketing. No se presentó a Laura por quién era, sino por ser “la hermana pequeña de Marta Díaz”. Su identidad quedó reducida a un apellido conocido.
Pero lo verdaderamente preocupante no es solo este acto que parece sacado de un episodio de Black Mirror, sino que nosotros como sociedad hayamos normalizado estas dinámicas. Fue un impulso automático: presentación de la hermana de Marta Díaz, abrir Instagram y dar a seguir. Así de simple. Pero ahí está la cuestión. Nadie se paró a pensar por qué se la sigue, qué aporta su contenido o cuál es su talento. Está puesta como si fuera una marioneta más de Internet.
Vivimos en un mundo donde hemos aceptado que todo se puede convertir en contenido, incluso las relaciones familiares. Hemos asumido que aprovechar la imagen de otras personas para aumentar la fama en Instagram o en cualquier red social es una estrategia de lo más normal, sin detenernos a pensar en los límites morales de esa exposición.
Estoy segura de que la hermana participó voluntariamente y estaba de acuerdo con lo que sucedió. Pero es que la responsabilidad no es solo suya o de sus hermanos, sino nuestra, como sociedad, que estamos aceptando esta nueva realidad. La escena que nos deja este unboxing de personas me hace pensar que hemos llegado a un punto en el que no hace falta esforzarse para conseguir algo y que la meta de muchos jóvenes puede reducirse a vivir del cuento de Internet.
Pero repito, la culpa (en gran parte) la tenemos nosotros como consumidores. Cuando nos llaman la atención escenas como la presentación al público de una hermana pequeña de alguien y lo convertimos en un espectáculo viral, dice mucho más de nuestra manera de consumir las redes sociales que de los propios creadores de contenido.