Un matrimonio que lleva años separado se enfrenta en un juzgado por la custodia de sus dos hijos. Hay una dura denuncia por abusos sexuales. Hablan los abogados. El de él, el de ella, el de los niños. Habla la juez y hablan los protagonistas. Y al hilo de todas esas conversaciones se adivina la dureza de un proceso que no deja indemne a nadie.
Lo peor que le podía pasar a Yo te creo es que –como ha sucedido– la comparen con Querer, la serie dirigida por Alauda Ruiz de Azúa. Pienso que Querer está a años luz –en narrativa, en profundidad y en matices– de esta película que, con todo, es original en su planteamiento y presenta algunas cuestiones sugerentes. En 78 minutos se va dando voz a cada uno de los protagonistas del conflicto, empezando por los abogados y añadiendo intensidad emocional hasta llegar al testimonio de los niños.
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La realización tiene algo de experimental y teatral: primeros planos y fueras de campo que funcionan como radiografías del alma. El peso de la película lo lleva el texto, la palabra y los gestos, las soberbias interpretaciones. Con todo, el minimalismo formal puede pesar a más de un espectador que, por encima de la puesta en escena y de la disección del conflicto, busque una respuesta. Es ahí, en el desenlace, donde pienso que la película puede resultar fría y algo decepcionante al mostrar el cadáver (de la sociedad, del sistema judicial, de la pareja y del ser humano) y no abrir la puerta a ninguna posible salida.