La posibilidad de implantar un dispositivo en el cerebro de una persona para lograr que un terminal externo ejecute una orden suya –agarrar un vaso de agua y acercárselo a la boca, por ejemplo– salió hace ya un tiempo de las películas de ciencia ficción para entrar en los laboratorios de neurociencias. Y si hasta ahora se aplicaba en el restringido ámbito de los ensayos, ya está franqueando otra puerta: la del uso comercial.
Ha sucedido en China, a partir de la experiencia de Dong Hui, un hombre en la treintena que sufre una grave parálisis como resultado de un accidente de tráfico. Según explica You Xiaoying en el MIT Technology Review, en 2024 un cirujano le implantó al paciente un aparatito con sensores, del tamaño de una moneda,…
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2 Comentarios
Aparte de todos los peligros de cosas que pueden torcerse muy bien consideradas en el artículo, añadiría el problema intrínseco de la meta de Elon Musk por la que creó Interlink, que el resto consideró beneficios colaterales para justificar el empeño: acelerar la interfaz máquina-datos y cerebro, por ejemplo al interactuar con una IA. Una idea tremendamente estúpida aparentemente atractiva que permitiría esto: cargar un libro (cuando no una enciclopedia como Wikipedia homogeneizando visiones) sin leerlo y por lo tanto sin rumiarlo y asimilar o no combinado con otras ideas propias. Mientras unos reflexionan sobre temas interesantes como la diferencia entre leer un ensayo y escucharlo como audiobook, más como una conferencia en que la “distracción” interna de la propia reflexión desconecta y posiciona de forma distinta al oyente que al lector frente al mensaje y discurso del autor (o incluso eso se da en menor medida en ver material audiovisual en cine, sin distracciones ni pausas vs ambiente más personal) otros buscan atajos sin pensar en consecuencias obvias.
Certero y preocupante, muchas gracias por el análisis. Sobre la falta de transparencia y ética en China, acababa de leer un artículo en la prensa de hoy de la muerte de una niña en china por una terapia génica, por la que sus padres habían abonado un dineral y que había ignorado problemas en pruebas de toxicidad en primates. Sólo se produjo una mínima multa y se ocultó vendiendo los avances en publicaciones cintíficas.