Un estudio confirma que la salud mental empeora tras la transición de sexo: 4 artículos donde ya lo anticipamos

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El New York Times y otros se apean (discretamente) de la ortodoxia trans

Un estudio reciente realizado en Finlandia sobre problemas psiquiátricos en adolescentes y adultos jóvenes que acudieron a unidades de género entre 1996 y 2019 concluye que, entre quienes se sometieron a una reasignación de género, los trastornos mentales aumentaron de forma considerable. 

La investigación, publicada en la revista Acta Paediatrica, siguió a unos 2.100 finlandeses atendidos en clínicas de género a lo largo de todo el proceso. Los resultados muestran que la transición no alivió las dificultades psiquiátricas, sino al contrario: se observó un empeoramiento significativo en la salud mental.

En el caso de los chicos que se identifican como chicas, la prevalencia de distintos tipos de trastornos psicológicos pasó del 9,8% al 60,7%, mientras que en el caso contrario subió del 21,6% al 54,5%.

A pesar de que el discurso dominante soplaba a favor del enfoque afirmativo, en Aceprensa  escribimos varios artículos en los que ya hablábamos de por qué es necesaria más prudencia a la hora de proponer la transición como única solución a la disforia de género. 

El suicidio, una amenaza que los datos desmentían  

La narrativa transactivista ha fomentado la idea de que quien no recibe terapia afirmativa tiene más riesgo de suicidio. A los padres que dudaban sobre si proceder o no con la terapia afirmativa para sus hijos se les decía “mejor un hijo vivo que una hija muerta”. 

Sin embargo, los estudios que vinculaban disforia de género con más intentos de suicidio adolecían de lagunas metodológicas. En cambio, investigaciones más rigurosas indicaban que los jóvenes con trastornos vinculados al género presentan un nivel de riesgo similar al de aquellos que no tienen dificultades de género, pero sí padecen los mismos trastornos psiquiátricos.

Por tanto, proponer la terapia afirmativa como una medida para mitigar el riesgo de suicidio carece de base científica.

Los detransicionadores alertaron de que la terapia afirmativa no solucionaba nada

Scott Newgent, hombre trans que se arrepentía de haber hecho la transición, afirmaba ya en 2022 que este procedimiento era una fuente de complicaciones físicas de las que los pacientes no eran advertidos, y que incrementaban el riesgo de trastornos psiquiátricos, entre ellos la ideación suicida. 

“Este es el escándalo médico más importante de la historia moderna; y no lo digo para molestar a nadie, sino porque es cierto. Apenas estamos empezando a ver la carnicería”, aseguró. Su caso mostró cómo la tendencia trans perdía fuelle.

La principal clínica en Reino Unido echa el cierre 

Una vez conocida como el paraíso para los menores con disforia de género, la clínica londinense Tavistock colapsó después de enfrentarse a demandas de pacientes y tras la investigación de la pediatra Hilary Cass, que denunciaba irregularidades en los procesos de diagnóstico y tratamiento. 

El informe Cass reveló que se presionaba al personal médico para adoptar un enfoque afirmativo ante un menor que se autodeclaraba trans, sin explorar otras causas del malestar. 

La pediatra observó que esta apuesta reduccionista hacía que otros trastornos que sufrían los menores quedaran sin atención, puesto que se consideraban relacionados con la disforia y se presuponía que mejorarían con la terapia afirmativa. 

Sin evidencia científica para respaldar la transición 

La Universidad de McMaster en Canadá, conocida por albergar a algunos de los científicos más reputados en el campo de la “medicina basada en la evidencia”,  llevó a cabo varios estudios que analizaban cómo de sólidos son los datos científicos que suelen emplearse para defender la terapia afirmativa. 

Debido a la presión del lobby trans, no todas esas investigaciones han sido publicadas, pero las que sí han visto la luz señalan “una considerable incertidumbre en cuanto a los efectos” del uso de bloqueadores de pubertad y del tratamiento hormonal cruzado (la administración de hormonas del sexo al que paciente aspira), debido a que las investigaciones revisadas aportaron casi en su totalidad pruebas de “muy baja certeza”.

Es decir, los estudios siempre citados para justificar el enfoque afirmativo carecían del suficiente rigor científico.

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