Se publica el tercer volumen de Historia de una vida, las memorias del escritor Konstantín Paustovski (1892-1968), uno de los autores rusos más prestigiosos de la literatura del periodo soviético. En la misma editorial, con anterioridad, se han publicado los dos primeros volúmenes: Los años lejanos, un excelente fresco sobre la infancia del autor y sus primeros años de estudiante; y Una juventud convulsa (2025), que se centra en su vida como universitario y el estallido de la Primera Guerra Mundial
Estas memorias, que el editor califica como “una ambiciosa combinación de autobiografía, crónica histórica y bildungsroman”, son lo más significativo de la obra de este escritor soviético y su lectura es una buena manera de adentrarse en la vida cotidiana de la URSS en momentos tan convulsos y de tantas expectativas. El primer libro de estas memorias se publicó en 1946 y el último en 1963. El comienzo de una era desconocida apareció en 1953.
Las primeras páginas de El comienzo de una era desconocida enlazan con el volumen anterior y transcurren en los primeros meses de 1917, cuando tiene lugar la Revolución de Febrero. El autor trabaja en un periódico y desde esa atalaya analiza algunos destacados sucesos que se dieron en la ya capital. Vuelve a viajar a Koplán con su familia, pero pronto se instala en Kiev, donde vive de manera muy directa el desarrollo de los acontecimientos revolucionarios. Vive todos estos sucesos bastante caóticos ya alistado en el ejército que manda por aquel entonces en la ciudad, deseoso de que los bolcheviques se hagan cuanto antes con las riendas del país.
Paustovski se alineó desde el primer momento con la causa revolucionaria bolchevique. Comparte de manera entusiasta los ideales de cambio, de ruptura, de caída del viejo régimen. Para él, el nuevo Gobierno liderado por Lenin “se abría paso hacia nuevos principios” liderados por la igualdad y la justicia. De Lenin hace un retrato positivo como hombre carismático que emanaba “una extraordinaria sencillez”, pues “no había en él ninguna conciencia de su propia grandeza”. No hay ninguna crítica al golpe de estado bolchevique ni, tampoco, a la represión violenta que llevó a cabo el ejército rojo y la policía revolucionaria que promovió el propio Lenin. Las memorias fueron publicadas en 1953, año de la muerte de Stalin, cuando ya se conocían muchos de los desmanes y asesinatos que cometieron los comunistas contra la población y contra muchos integrantes y compañeros escritores de Paustovski. No hay ni la más mínima referencia negativa.
Más allá de esta ceguera ideológica, las memorias tienen emocionantes anécdotas y descripciones. Cuando el autor se centra en su vida y en sus experiencias, el texto gana muchos enteros. El retrato a pie de calle que hace Paustovski de la vida en Moscú, Kiev y Odesa, donde finalizan estas memorias, es ciertamente interesante, con escenas de gran carga dramática (como cuando estuvo a punto de ser ejecutado), un estilo lírico y costumbrista y las intermitentes referencias a su obsesión por ser escritor. Paustovski es brillante si describe lo concreto, lo que él está viviendo y la convulsa y trágica realidad instantánea.