La Tierra se queda pequeña. Las principales empresas tecnológicas se lanzan al espacio para expandir sus negocios de inteligencia artificial y comunicaciones.
Hace setenta y cinco años, la idea de aprovechar el poder de los cielos era poco más que una fantasía urdida por futuristas como Arthur C. Clarke e Isaac Asimov. En las décadas siguientes, la exploración del espacio fue un terreno dominado principalmente por entidades gubernamentales: la NASA, la ESA, la actual Roscosmos rusa o la anterior y extinta agencia espacial soviética. Las inversiones necesarias para la exploración del espacio eran tan cuantiosas que ninguna empresa privada podía permitirse intentarlo.
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