Los antimodernos

Acantilado. Barcelona (2007). 252 págs. 20 €. Traducción: Manuel Arranz.

TÍTULO ORIGINALLes Antimodernes

GÉNERO

Antoine Compagnon, catedrático de literatura en la Sorbona, se ha decantado precisamente por la disciplina que domina para hablar de un movimiento, el antimodernista, que no se agota en su expresión artística. Con este ensayo ha ganado el premio de la Crítica de la Academia Francesa.

Compagnon logra resumir las principales ideas que animaron a quienes, a comienzos del XIX, decidieron ir contracorriente: los antimodernos. Por paradójico que parezca, lo cierto es que los ilustrados tienen ya en la actualidad poco que decirnos; en cambio, esos otros pensadores, durante tanto tiempo denostados, al enjuiciar la herencia ilustrada, fueron proféticos y muchas de sus intuiciones se han visto confirmadas por la historia.

Fueron bastantes las circunstancias -personales, sociales, políticas y religiosas- que coincidieron para que hombres tan distintos como Chateaubriand, Burke o De Maistre sufrieran y advirtieran el desengaño de la Revolución Francesa. No puede establecerse una misma línea ideológica entre ellos -los hay de izquierdas, de derechas y apolíticos-. La característica común es su anti-racionalismo, su oposición a la Ilustración.

Ciertamente, fueron el fruto del clima general de la época, la del romanticismo, más centrada en el sentimiento que en la afirmación de una razón universal. Recuperan, también, una forma de teoría muy cercana a los hechos, sin formular utopías. Asimismo, la idea de progreso les pareció engañosa porque, a su juicio, ocultaba pereza intelectual, y desembocaba en decadencia moral.

Sus propuestas no eran, sin embargo, inocentes. Una gran parte apoyó la causa de la Restauración y concibió el Antiguo Régimen como una prehistoria dorada. Y si el siglo XVIII fue el de las luces, el movimiento antimoderno sucumbió al pesimismo y dio la batalla por perdida antes de emprenderla. Añoraban la libertad de los antiguos. Parece como si se hubieran empeñado en oscurecer el futuro y encarnar la vida trágica de los héroes de antes. Algo de esto queda, por ejemplo en las páginas de «Memorias de Ultratumba».

Compagnon insiste en un hecho que tiene bastante importancia para la historia de las ideas: el movimiento romántico fracasó en el ámbito de la política, pero gozó de un enorme éxito artístico y literario. Un error de la obra de Compagnon es que, salvo en el caso de Burke, se refiere sólo a los representantes del romanticismo francés, lo que podría llevar al lector a pensar en el antimodernismo como una rara especialidad gala. Pero no sólo fue un movimiento francés. Se echa de menos, en este sentido, alguna referencia a Donoso Cortés o a Nietzsche.

En conclusión, se trata de un libro simplemente expositivo, pero es una delicia leerlo. Compagnon no consigue, sin embargo, justificar por qué califica de clásicos a estos autores ni tampoco logra dibujar la repercusión que han tenido.

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